Yo no habría querido vivir en una república de instituciones nuevas, por buenas que fuesen las leyes que pudiese tener, por temor de que, constituido quizás el gobierno de manera diferente de la adecuada por el momento, no conviniendo a los nuevos ciudadanos o los ciudadanos al nuevo gobierno, el Estado fuese sujeto a ser sacudido y destruido desde su nacimiento; porque sucede con la libertad como con esos alimentos sólidos y suculentos o con esos vinos generosos propios para nutrir y fortificar los temperamentos robustos que están acostumbrados, pero que deprimen, arruinan y embriagan a los débiles y delicados no hechos a ellos. Los pueblos una vez acostumbrados a tener amos o señores, no pueden después vivir sin ellos. Si intentan sacudir el yugo, lo que hacen es alejarse de la libertad, tanto más cuanto que, tomando por ella el libertinaje o el abuso desenfrenado que les es opuesto, sus revoluciones los llevan casi siempre a convertirse en sediciosos, no haciendo otra cosa que remachar sus cadenas.
...
Pero habría escogido una en donde los particulares, contentándose con sancionar las leyes y con decidir en cuerpo y de acuerdo con los jefes los más importantes negocios públicos, establecieran tribunales respetados, regularizando con esmero los diversos departamentos, eligieran todos los años los más capaces y más íntegros de sus conciudadanos para administrar la justicia y gobernar el Estado y en donde la virtud de los magistrados llevando como distintivo la sabiduría del pueblo, los unos y los otros se honrasen mutuamente. De suerte que, si alguna vez malas interpretaciones viniesen a turbar la concordia pública, aun esos mismos tiempos de ceguedad y de error, fuesen marcados por demostraciones de moderación, de estimación recíproca y de un común respeto por las leyes, presagio y garantía de una reconciliación sincera y perpetua.
J. J. Rousseau
Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres
Introducción
La Carta de Jamaica concluye con la afirmación según la cual la clave para poner fin a la dominación española y fundar un gobierno libre es la unión, obtenida por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos. Lo que por entonces queda en un escueto enunciado, en Angostura va a ser objeto de un denso desarrollo. Eso es el Discurso de Angostura: un efecto sensible, un esfuerzo bien dirigido. En atención a las lineas principales de su estructura discursiva, es una apelación a la conciencia histórica, un plan estratégico centrado en la implantación del Estado Nacional, y un instrumento de significación del movimiento de independencia como proceso histórico. Pronunciado por Bolívar el 15 de febrero de 1819, en el acto de instalación del segundo congreso que se daba a sí misma una república en medio de los avatares de la guerra, constituye una de las piezas oratorias más importantes de su haber político. Dicho ello por su contenido en sí mismo considerado. Y dicho también por el modo en que marca una diferencia de dimensiones estratégicas entre un antes y un después del proceso de independencia. En la visión totalizadora del Discurso de Angostura confluye lo político y lo militar. Para ganar la guerra en el siempre inhóspito campo de batalla, es preciso ganarla también en el de la política; por cierto, no menos inhóspito, agreste y peligroso que aquél.
Una comunicación a William White deja constancia de la solidez que, desde el punto de vista militar, ha alcanzado la causa patriota. Ello ha permitido a Bolívar ocuparse del tema político e institucional con el propósito de adelantar lo más posible la reorganización de la República. La convocatoria del Congreso es el dato fundamental de esta situación:
La confianza que tengo del rápido y feliz suceso de la campaña que voy a emprender, me ha decidido a convocar un Congreso Nacional, medida que, debido a su importancia no quise adoptar sin antes consultar al Consejo, el cual se reunió el 1° de los corrientes, aprobó mi resolución y nombró una comisión de seis personas distinguidas para formular y publicar el plan de elecciones populares.
Mi objeto es que tan luego como Caracas sea ocupada por el ejército, los representantes estén ya elegidos, a fin de que se instalen inmediatamente y procedan a organizar el país, dándole la constitución y el Gobierno que ellos juzguen el más adecuado al actual estado de la República. Si la campaña se dilatara, en contra de mi esperanza, la instalación tendrá lugar en esta ciudad, y así mientras que unos estamos ocupados en la campaña, otros se ocuparán de establecer y asegurar la libertad,. Creo que este paso contribuirá poderosamente para darle a conocer a las otras naciones cuales son mis verdaderas intenciones, y el fin a que aspira Venezuela. Si durante los últimos años de nuestra desastrosa lucha, se me ha investido de una plenitud de poderes, ahora que tenemos la esperanza de tranquilidad, aunque esté lejos, quiero hacer ver que ha sido la consecuencia de la necesidad y las circunstancias, y no de intrigas o pretensiones de mi parte.1
La confianza de Bolívar no era en vano. La nueva estrategia militar, con proyección más allá de las fronteras de Venezuela y la Nueva Granada, funcionó. Año y medio más tarde, en comunicación dirigida al mismo White y en la que, por cierto, exige una lectura más atenta y genuina del Discurso de Angostura, ya reimpreso en Bogotá, afirma:
Las cosas internas y externas van, como V. sabrá, a medida de nuestro deseo. Las primeras están en un pie admirable; puedo asegurar a V. que por el sistema prudente que he adoptado, difícilmente lograrán suceso contra nosotros los enemigos. Sólo Morillo es fuerte, y a ese lo tengo en inacción por mis maniobras, mientras que le tomo todas las provincias de la antigua Nueva Granada y Quito. En este año doy a V. libre toda Colombia, si una burla de la suerte no hace fallar mis empresas. Dos ejércitos tengo ofensivos; el primero marcha a Quito, y el segundo está invadiendo a la vez las provincias de Cartagena, Santa Marta y Maracaibo. En este invierno logramos la posesión de estas provincias, y en el verano envuelvo a Morillo con tropas inmensas. A mis órdenes inmediatas tengo cuatro mil veteranos y otros tantos bisoños. Si Morillo me busca, me encuentra, y lo destruyo; y si me espera, es inevitable su ruina. En estas cuatro palabras ya he dicho a V. todo. Escriba V. a Inglaterra sobre esto largamente y también mande V. mi discurso a hombres que lo entiendan, haciendo las observaciones necesarias, para que noten la diferencia de la traducción al original. Mr. Hamilton me habrá adornado: yo habría querido ser menos hermoso, pero más genuino; querría mi discurso y no el suyo. 2
Obsérvese la importancia que en uno y otro caso asigna Bolívar al aspecto internacional, que sigue siendo factor decisivo en su estrategia. Éste es el contexto de la guerra en que se produce el Discurso de Angostura. La consolidación, desde el punto de vista militar, de la causa independentista ha llevado a Bolívar a prestar toda su atención a la dimensión política. Con Angostura, Bolívar ha tomado una plaza que es estratégica no sólo desde el punto de vista militar sino, sobre todo, político e ideológico. Una vez más, veremos al libertador apelando a su inteligencia conceptual, a su capacidad de simbolización y síntesis. El discurso vuelve a ser pertrecho fundamental del guerrero.
En una primera hojeada la Carta de Jamaica luce algo así como el borrador del Discurso de Angostura, toda vez que en éste se tratan los mismos temas fundamentales, e incluso se reproducen algunos extractos de aquélla. Sin embargo, nada más alejado de la verdad, si se hace una lectura atenta y se es sensible al signo de la inteligencia implícito en su concepción como instrumento de significación del proceso de independencia. En cuanto a los temas fundamentales, Bolívar tiene sólo uno: la independencia, respecto al cual todo es subsidiario. De manera que esto es algo que, por sí mismo, dice bien poco. Y en cuanto a la reproducción de algunos extractos, hay que decir que el Discurso de Angostura sí es, en alguna medida, heredero de la Carta de Jamaica, pero no tanto porque reproduce de manera textual algunos de sus contenidos, sino, más bien, porque la visión de la geopolítica mundial -que marca de manera distintiva aquél discurso-, continúa presente en el de Angostura y, de hecho, en todo lo que resta del quehacer de Bolívar como líder político y militar. Claro que esta perspectiva mundial tendrá ahora una función distinta. No se trata tanto del problema geopolítico en sí mismo, como de insertar el concepto de la revolución de independencia en el contexto histórico de una civilización que avanza hacia una nueva era de la organización social y política en el mundo. El Discurso de Angostura constituye una narrativa histórica de la independencia como signo del mundo moderno, la imagen de un proceso de ruptura del orden colonial que se asigna a sí mismo temporalidad específica en términos de pasado, presente y futuro.
En Jamaica un libertador derrotado presenta su proyecto al mundo. El de Angostura es un libertador que ha vuelto a posicionarse de su proyecto y se dispone apuntalarlo, no sólo desde el punto de vista militar -en lo cual ha tenido un significativo avance desde dos años antes- sino, sobre todo, desde el punto de vista político, ideológico e institucional. La misión de el libertador en el discurso está definida de manera inequívoca: hacer del proyecto de independencia un autentico proyecto nacional. De modo que en Angostura Bolívar concibe un nuevo tiempo histórico a partir del cual el proceso de la guerra -mecanismo de liberación- está llamado a compartir un mismo espacio con el proceso de construcción del estado nacional. En Angostura tiene lugar una reconfiguración de la teoría revolucionaria establecida siete años antes en Cartagena. Por aquel entonces, concentrada en romper la atadura colonial, la lucha por la independencia queda circunscrita a la esfera militar. En Angostura la concepción del proceso independentista se redimensiona hacia lo político e ideológico.
De manera que si en Jamaica habla el exiliado, el libertador arruinado y derrotado que ha arribado a aquella posesión británica dispuesto a retomar la lucha, en Angostura habla el que la ha retomado y se apresta a legitimarse a sí mismo como jefe supremo del movimiento independentista, lo cual supone una transformación completa en la concepción teórica y estratégica de dicho proceso. Tal es la tarea que viene a realizar el libertador, que siempre, en la semántica bolivariana, es el pensador, el que pensando crea, y el que en la escena del discurso mueve los hilos tras bastidores. Pero la realiza no como el encolerizado analista político de Cartagena, o como el resentido héroe guerrero de Carúpano, o como el quejoso americano meridional de Jamaica. Tan pausado como magnánimo, calculador y perspicaz, el libertador de Angostura se deslastra del enorme peso de lo chico en que siempre queda atrapado el día a día de la guerra y la política.
En este sentido, el Discurso de Angostura es un salto cualitativo de lo eventual y contingente al mundo de lo histórico y conceptual, y que coloca a la política en el centro de un escenario hasta entonces predominantemente militar. Por eso vemos a un libertador que, aunque militar, habla como estadista. Que no analiza, sino que más bien filosofa. En este discurso lo terrible es mera leña para el lenguaje. De la muerte hace una metáfora. De la guerra una rutina y del guerrero un ciudadano. Dios está presente en la escena, pero se entiende que para escoger al libertador como convocante y no para que éste se le encomiende como suplicante. Y en cuanto a la historia, el libertador no la narra; más bien la comprende y la significa. El libertador realiza su tarea en el discurso como el portavoz de la conciencia misma de la historia. Observa y piensa un mundo que ha ingresado en la nueva era de los valores del hombre universal. Como en Jamaica, justicia y libertad. Sólo que lo que en Jamaica era anhelo y esperanza, en Angostura es razón y voluntad de poder. El analista colérico, el héroe resentido, el pasivo y quejoso americano meridional; todos se apartan y ceden el paso al hacedor de naciones, racionalista y teórico de la existencia social que viene a proponer un proyecto de constitución para refundar la república. Ya no habla el paisano solitario de una América sola, sino el pensador racionalista de una civilización planetaria y un nuevo tiempo histórico. Sin abandonar, pues, los duros cuestionamientos del Manifiesto de Cartagena, los recelos respecto a la barbarie del Manifiesto de Carúpano, ni la perspectiva de la geopolítica mundial de la Carta de Jamaica, el Discurso de Angostura representa, sin embargo, un giro semántico total.
Desde este punto de vista, el guerrero ciudadano es la instancia del discurso que hace la diferencia. En lugar del americano meridional, expectante y pasivo, el guerrero ciudadano es activo, creador, fuente de inspiración y generación de devenir en la construcción histórica de futuro. El guerrero ciudadano es símbolo de la temporalidad histórica específica de la independencia como proceso de liberación y de creación, de la independencia como signo de la evolución y desarrollo del mundo moderno. Desde esta instancia, el discurso habla al patriota inmerso en la vorágine de la guerra como al integrante de una nación que emerge de entre las ruinas del imperio colonial, y al mundo como la comunidad histórica en el seno de la cual emerge la nación. Considerado en su dimensión ideológica y estratégica, el Discurso de Angostura representa el hito entre un antes y un después del proceso de independencia. Sin que ello signifique, no obstante, una ruptura entre el antes y el después. Por el contrario, la genialidad de Bolívar en este sentido está en el modo cómo su perspectiva reabsorbe todo el proceso desde sus mismos inicios, reivindicando incluso sus alcances y logros, pese al fracaso y la ruina de la república, en una dimensión histórica total en la que ésta vislumbra su futuro.
De esta manera pasamos de la independencia como signo negativo –es decir, resultado de la mera leyenda negra respecto a la dominación colonial- a una concepción de ella como signo afirmativo de la civilización y el progreso de la historia de las sociedades humanas. El guerrero ciudadano no es el mero guerrero que lucha contra la opresión, sino el ciudadano que, guerreando, reafirma su libertad en el proceso de construcción de la nación. Mucho más allá del ámbito militar, el guerrero se ha asignado a sí mismo una tarea histórica, política e institucional, y que lo presenta ante sus conciudadanos como el convocante de la Soberanía Nacional. Con ello, el libertador, como instancia pensante del discurso, actualiza la teoría revolucionaria nacida en Cartagena, y posiciona a El Libertador en la primera línea del escenario político durante la siguiente década.
Por otra parte, toda vez que el concepto de Soberanía Nacional, tomado del liberalismo ilustrado, particularmente de Rousseau, implica la idea de pueblo, el Discurso de Angostura puede ser considerado el primer documento de enorme importancia en que Bolívar enfrenta, desde un punto de vista doctrinario, el tema. El pueblo es el todo de la población instituido como nación, integrado al todo del Estado como regulador de la existencia social guiada por lo individuos más aptos e ilustres para las tareas que impone la administración pública. La ciudadanía es una tarea de formación moral y educación pública. El republicano es preciso crearlo, no es el hombre por sí mismo considerado, sino un producto histórico, resultado de la acción política.
El guerrero ciudadano
La connotación del soldado como signo de lucha por la libertad y protector del pueblo es un símbolo que abunda en la narrativa de Bolívar, particularmente, como es de esperarse, en sus discursos y proclamas públicas. El soldado no es mero instrumento de guerra. En tanto que agente de transformación hacia el bien supremo -en este caso la independencia- sublimes fines ennoblecen su fuerza y acción destructora. En este sentido, más allá de la dimensión bélica que le es connatural, el soldado es expresión del quehacer de la historia, en alguna medida síntoma de conciencia histórica. Se diría que, en la narrativa bolivariana, el soldado es a la simbología de la independencia lo que Marte a la mitología romana.3
En Angostura esta connotación del soldado es elevada a lo más sublime. Encarnado en el libertador como instancia esencial del discurso, el soldado, de entidad consciente, pasa a ser en sí mismo fuente de conciencia histórica. Esto es, un guerrero ciudadano. La dimensión de la conciencia histórica respecto al proceso de independencia. El libertador nos lo presenta al inicio mismo del discurso de la siguiente manera:
Señor. ¡Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando ha convocado la Soberanía Nacional para que ejerza su voluntad absoluta! Yo, pues, me cuento entre los seres mas favorecidos de la Providencia Divina, ya que he tenido el honor de reunir a los Representantes del Pueblo de Venezuela, en este augusto Congreso, fuente de la autoridad legítima, depósito de la voluntad soberana, y árbitro del destino de la Nación. 4
Este párrafo inicial del discurso es la apertura que lo define como una cita del guerrero con la autoridad, la voluntad y el destino de una nación; vale decir, una cita con la historia, en la que los representantes son la mediación. Sin perder tiempo, el libertador ha colocado sus piezas donde las quiere: el soldado, el político y hasta el mismo dios; todos afanados en la tarea histórica común de la construcción del estado nacional. El libertador, en tanto que guerrero-ciudadano, ocupa la dimensión militar y la dimensión política del proyecto independentista. Es el artífice de esta nueva concepción estratégica, que en cierto modo puede considerase una suerte de actualización de la teoría revolucionaria inicialmente planteada en Cartagena. Ante el rigor con el que se refiere a su interlocutor -Señor- se antepone de inmediato la luz del que -Dichoso- lo aborda, y cuya fuente de dicha no es otra que el guerrero ciudadano que ha convocado la soberanía nacional. Este contraste entre rigor y dicha no es dato menor en la elaboración del discurso. Por el contrario, desde el punto de vista de su arquitectura semántica, es el puntal que lo sostiene5. Ante la tarea política y militar de la implantación del estado nacional, el rigor sublima la dimensión institucional del proyecto independentista, en la misma medida que la dicha sublima la dimensión del guerrero ciudadano como forma de conciencia histórica. Esta simbología del guerrero ciudadano como intersección de lo político y militar será el signo a lo largo del discurso. La conclusión ...empezad vuestras funciones, yo he terminado las mías... no es sino un modo de ratificarlo. Desde un punto de vista lógico, la oración indica la consumación de una tarea que era preciso realizar por parte de uno para que otro diese inicio a la que le corresponde a fin de lograr la obra que es común a todos. Y desde un punto de vista semántico, ello puede considerarse el plano fundamental desde el que se concibe y desarrolla el discurso. Este es el plano central, en el que la instancia de el libertador mueve los hilos y despliega la inteligencia del mensaje.
En realidad, no es la de hecho inexistente república la que se da un segundo congreso a sí misma. Es el libertador, venido a barrer el primero, el que quiere que así lo pensemos; es la sublime voluntad general -en el sentido que Rousseau asigna a este concepto- y la historia misma en su quehacer fulminante y huracanado quien lo quiere e impone. Una vez más, la historia -terrible pero, al mismo tiempo, movida por valores universales- despersonaliza el discurso y deja las manos libres al libertador, que lo conduce.
Ahora bien. Bolívar se despoja del mando. Es un gesto propio de la generosidad del soldado pero, sobre todo, un signo inequívoco de conciencia histórica. El guerrero ciudadano no es sólo un abnegado militar, sino un estadista, un constructor de naciones. Desde un punto de vista simbólico, el discurso es la intersección entre el guerrero y el político. El guerrero ciudadano no es sólo símbolo de amor a la patria, sino, mucho más que eso, una forma de conciencia histórica que señala hacia la nación como futuro. La confluencia del guerrero y el político se convierte en Angostura en el nuevo cauce de una historia dirigida hacia la construcción del estado nacional. Al despojarse del mando político, el libertador lo que hace es involucrar al entorno político en el proceso de ruptura del lazo colonial (hasta entonces de naturaleza predominantemente militar) y del cual, tras cuatro años de aislamiento e incertidumbre, ha vuelto a ser el jefe supremo. Si se tiene en cuenta, además, que, durante esos años aciagos ha debido sobreponerse a quienes, como Mariño y Piar, le disputaban el mando, hay que inferir que no se trata sólo de involucrar a los políticos sino, también, de obtener de esta precaria institucionalidad la legitimidad a la que ya se había hecho acreedor tiempo atrás, con su entrada triunfal a Caracas en agosto de 1813. El Bolívar de aquél entonces es el modesto soldado, al que la gloria consagra con el título de Libertador que le otorga su ciudad. El de 1819 es un político generoso, el filósofo que contempla al mundo y lo piensa, pero también el militar que apela a sus títulos con el único fin de aspirar al mayor de todos ellos: el de ciudadano. ¿Acaso puede aspirar a otra cosa un hacedor de historia, constructor de repúblicas? Siempre es así en la narrativa de Bolívar: el paisano, despojado de títulos y galones, es el último y único lugar desde el cual contemplar la propia gloria.
Si bien el Discurso de Angostura representa una ruptura en el desarrollo del proceso de independencia, dicha ruptura sólo puede tener significación en el marco de una relativa continuidad entre los inicios del proceso y la creación de la Gran Colombia. Esta continuidad, a través de la cual se va entretejiendo el discurso, permite al guerrero ciudadano presentar las credenciales que lo legitiman como líder, retomar el señalamiento de errores a los que ya ha hecho referencia tiempo atrás, y asignar la revolución de independencia a la temporalidad histórica específica del mundo moderno. Dicho en términos sintéticos: el guerrero ciudadano goza de heroico abolengo, tiene proyecto político, y es portador de conciencia histórica.
El soldado que en 1813 llega a Caracas para recibir los honores de una república ya creada, en 1819 toma Angostura, no para recibir los honores de la república, sino para tener el honor de crearla. Hay que reconocer que con esta pieza oratoria el genio de Bolívar se muestra en toda su magnitud. Como guerrero ciudadano, el libertador se está dando a sí mismo el título de creador, de hacedor de repúblicas. Con lo cual no sólo se torna sublime su papel como líder militar sino que, además, adquiere, desde entonces, un indiscutible alcance político. Y en la medida que la guerra siga siendo por mucho tiempo todavía el escenario fundamental de la lucha, un libertador que apela al título de ciudadano ¿tendrá acaso competidores entre los civiles? En realidad, con esta pieza oratoria, Bolívar ha consagrado su liderazgo militar y ha asumido el liderazgo político. Se lo ha autoimpuesto. Con ello, traza una divisoria entre un antes y un después del proceso de independencia, del cual él mismo se convierte en icono. Con el Discurso de Angostura la siempre inefable dama de la guerra ha entrado en el baile de la alta política tomada del brazo viril de El Libertador.
En este caso, y a diferencia de cómo se despliega el discurso en la Carta de Jamaica, el libertador no habla a nombre de una entidad distinta de sí -la instancia de los americanos meridionales, en tanto que pueblo que lucha por su libertad-, sino como conciencia histórica que abarca en sí misma el todo del proceso de independencia. Dicho en otros términos, el libertador encarna el proceso histórico. En este sentido, El Discurso de Angostura puede leerse como el modo en que el libertador se desdobla en dos dimensiones: la guerra y la política. Quien habla no es un paciente americano meridional, sino un decidido y consciente guerrero ciudadano. El hacedor de la guerra abre las puertas de la historia al hacedor de naciones.
Como forma de conciencia histórica, el papel del guerrero ciudadano en el Discurso de Angostura es imponer una perspectiva de orden y significación en un proceso determinado por la guerra y la anarquía, y que ya alcanza casi una década de duración. Bolívar sabe que, desde el punto de vista militar, la geopolítica lo favorece6. Lo que le preocupa no es el curso de la guerra en sí, sino el modo en que ésta y sus efectos políticos puedan afectar la paz, es decir, la implantación de un estado nacional. En este sentido, el Discurso de Angostura es una pieza rousseauniana de punta a punta, hecha por un militar y político pragmático que ha tenido que lidiar con la realidad concreta de una barbarie de la que Rousseau apenas alcanza inferir sublimes especulaciones. En este marco doctrinal, que no deja duda acerca de su republicanismo, el libertador de Angostura aboga, como el de Cartagena, por el estado centralista. Sólo que ahora no habla el guerrero analista, sino el guerrero-ciudadano.
En este plano de la estructura semántica opera una instancia complementaria del discurso: la historia. Ésta no es tanto, como en el caso de la Carta de Jamaica, portadora de principios universales y legítimos, como de paradigmas dramáticos y concretos que sirven de modelo y de explicación. Es la historia la que hace de la revolución un huracán, del guerrero un vil juguete de sus vientos, y del guerrero ciudadano una fuente de conciencia respecto a una historia así. A través de esta conciencia es que advertimos el nacimiento de una nación que se yergue entre las ruinas y la anarquía. De hecho, la república legítima del discurso, si bien tomada de Rousseau, nace no en la cuna teórica de la doctrina política, sino de la guerra, a horcajadas en medio de la vorágine. Empezad vuestras funciones, yo he terminado las mías... indica una lógica semántica que conlleva una paradoja histórica, pues, en realidad, con el Discurso de Angostura, Bolívar ha iniciado la tarea fundamental que lo absorberá en lo que resta del proceso de independencia, y de su propia existencia: la difícil combinación de lo civil y lo militar.
Tenemos, pues, al menos tres instancias fundamentales en el discurso. El libertador, que, como guerrero-ciudadano y fuente de conciencia histórica, representa el hacedor de historia, el creador de repúblicas. Los representantes del congreso, los convocados, el conjunto que formalmente constituye el destinatario del mensaje y a los que el mismo mensaje asigna la enorme responsabilidad histórica de lo que está creando. En este sentido el destinatario es, a su vez, un instrumento de conexión del guerrero ciudadano con la temporalidad en la que actúa. Por último, la historia. Es la instancia trascendente. La que convierte el discurso en un proceso de despersonalización del acontecer humano, y asigna la independencia a una totalidad temporal que le otorga sentido y la significa de modo específico. La instancia de la historia actúa como una extensión de las otras dos.
Del huracanado campo de batalla al campo inteligible de la historia
Como ha quedado indicado, en la estructura semántica del Discurso de Angostura la historia es la instancia trascendente. Es la instancia que involucra lo político y lo militar como partes integrantes de un todo y que asigna temporalidad específica al proceso de independencia. El mensaje opera desde ella en diversas direcciones o sentidos, siempre en el afán de sobreponerse a lo eventual y contingente, de buscar lo significativo, lo cósmico y conceptual. Voy a referirme a los dos de estos sentidos que considero más importantes: el papel del individuo -el libertador- en el proceso específico de la independencia, y la asignación de temporalidad a dicho proceso, es decir, el manejo de la historia como realidad del mundo concreto y perspectiva de futuro. Como instancia del discurso, la historia coloca el proyecto de independencia en una perspectiva fáctica y racional, en virtud de la cual la independencia no es sólo una guerra, sino el proceso mismo del nacimiento de una nación que emerge de entre las ruinas que deja tras de si el resquebrajamiento del imperio español en América. El guerrero ciudadano -es decir el soldado que en el discurso es mero aspirante a la ciudadanía que sólo una república legítima le puede conceder- es partero de la historia. Comenzaré por este primer sentido.
He señalado la historia como una instancia en sí misma del Discurso de Angostura, junto a las otras dos que considero fundamentales -la del guerrero-ciudadano y la de los representantes- por la acusada notoriedad y alto poder de significación que tiene en el discurso. También que es de tener muy en cuenta que, en realidad, la instancia de la historia actúa como una suerte de extensión de las otras dos y una suerte de totalidad sólo en la cual las otras dos adquieren plenitud de significado. Se entiende que esta instancia no opera como una narración o como una fuente de explicación -aunque algo de esto pueda haber, pues Bolívar alude a ejemplos con los que pretende ilustrar su propuesta de constitución y de gobierno. Pero la función de la historia por la que me intereso aquí es simbólica, no narrativa. Su carácter de totalidad permite al discurso un poder de significación y racionalización de los más diversos factores políticos, militares e institucionales que inciden en un proceso que, como el de la independencia, ha sido, hasta entonces, inseparable del desgarramiento propio de las guerras civiles, la derrota, el exilio, la intriga y la anarquía.
No ha sido la época de la República que he presidido una mera tempestad política, ni una guerra sangrienta, ni una anarquía popular; ha sido, sí, el desarrollo de todos los elementos desorganizadores; ha sido la explosión de un torrente infernal que ha sumergido la tierra de Venezuela...7
La negativa es, obviamente, irónica; tanto como la afirmativa es conceptual. Sucede que el libertador desmerece analizar lo acontecido desde 1811 según nociones mas o menos clásicas y comunes como guerra sangrienta o anarquía popular. No son temas como, por ejemplo, la guerra a muerte, o la barbarie y derrota del año 1814 por los que se interesa el discurso. Porque el libertador no viene a analizar la guerra de independencia -al menos no en el mismo sentido en que ya lo hiciera en el Manifiesto de Cartagena-, sino a sacarla de sí misma como autoconcepto -para utilizar la terminología de Hegel- y convertirla en signo de la razón de ser de la historia. En tal sentido, el Discurso de Angostura es un genuino ejercicio de modernidad, de configuración del tiempo histórico y determinación de futuro. Tempestad política, guerra sangrienta, anarquía popular. Nada de esto tiene mayor importancia. El libertador está dispuesto a reconocer que la revolución es peor que todo eso. Pero no a perder el tiempo en discriminar detalles menores. Incluyamos de una vez todos los elementos desorganizadores que alcancemos imaginar, convirtamos esta guerra en la fugacidad de una explosión sin origen ni fin; dejémosla fluir como un torrente infernal y contemplemos un país sepultado. Habla el guerrero ciudadano, que bien sabe lo que dice, pues viene del corazón mismo de la vorágine en que victoria o derrota valen lo mismo, en el que la voluntad nada cuenta y en el que no ha podido hacer ni bien ni mal.
...¡Un hombre! y un hombre como yo! ¿qué Diques podría oponer al ímpetu de estas devastaciones? En medio de este piélago de angustias no he sido más que un vil juguete del huracán revolucionario que me arrebataba como una débil paja. Yo no he podido hacer, ni bien, ni mal: fuerzas irresistibles han dirigido la marcha de nuestros sucesos; atribuírmelos no sería justo, y sería darme una importancia que no merezco...8
La modestia siempre va a donde va el libertador. Es el edecán de su grandeza. Cual mozo atento que abre paso a la gloria del guerrero. La modestia es una norma inquebrantable de la semántica bolivariana. Pero, en este caso, además, es el puente de guerra que tiende el guerrero ciudadano para invitarnos a pasar del tema menor -haber sido el vil juguete del huracán revolucionario- al tema trascendente de la historia en sí misma, pues en ésta están todas las explicaciones:
...¿Queréis conocer los autores de los acontecimientos pasados y del orden actual? consultad los anales de España, de América, de Venezuela: examinad las Leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios: la influencia de la Religión y el dominio extranjero: observad los primeros actos del Gobierno Republicano: la ferocidad de nuestros enemigos; y el carácter Nacional...9
En realidad, ésta no es sino otra forma de señalar, de manera general y sintética, lo que ya ha sido consignado en Cartagena y en Carúpano. Bolívar piensa exactamente igual. Lo que ha cambiado en Angostura es la estrategia. Es decir, el guerrero ciudadano no viene a repetir aquellas explicaciones, ni abundar en detalles de todos conocidos de la guerra, sino a significarla como proceso histórico y político. Así, para cerrar, el guerrero ciudadano vuelve a su condición de juguete vil. Pero ahora de este lado del puente. No ha dado una sola explicación sobre la historia del proceso de independencia y, sin embargo, las ha dado todas, porque lo ha colocado en el tiempo histórico, no como dato específico, sino como universal, como signo del destino y de la voluntad humana. Apegado a su habitual modestia, se somete al juicio de los representantes, y no se desgastará en emprender su apología -como se empeñara, por ejemplo, años atrás en el Manifiesto de Carúpano-, pues, con lo dicho, queda consignada:
...No me preguntéis sobre los efectos de estos trastornos para siempre lamentables: apenas se me puede suponer simple instrumento de los grandes móviles que han obrado sobre Venezuela. Sin embargo mi vida, mi conducta, todas mis acciones públicas y privadas son del dominio del Pueblo. ¡Representantes! vosotros debéis juzgarlas. Yo someto la historia de mi mando a vuestra imparcial decisión, y nada añadiré para excusarla; ya he dicho cuanto puede hacer mi apología. Si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime título de buen ciudadano preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de Pacificador que me dio Cundinamarca, y a los que el Mundo entero me pueda dar.10
Una vez más vemos al libertador aspirando a la mundanidad del paisano como máximo bien al que puede aspirar el hombre de gloria. Pero, en este caso, además, la modestia es un dato al servicio de la instancia de la historia. Pues, así como el guerrero ciudadano no se detiene en los datos respecto al proceso de independencia, tampoco lo hace respecto a su propio accionar como militar. Al margen del camino que va trazando su discurso con miras a la configuración del tiempo histórico, quedan por igual las ruinas de la guerra y su propia hoja de servicio. Al parecer, sacar la guerra de sí misma para convertirla en signo de la historia es, también, hacerlo con el guerrero para convertirlo en ciudadano.
Visto así, en el contexto de totalidad que representa la instancia de la historia respecto a los distintos aspectos y direcciones que toma el discurso, se puede captar con más amplitud y significación el gesto de desprendimiento del mando supremo con que El Libertador inicia el Discurso de Angostura y que se reitera de diversas maneras. No se trata del mero gesto que corresponde a un espíritu magnánimo, incapaz de aferrarse al poder. Esto es algo que, desde luego, puede desprenderse de una lectura superficial, y también mojigata, que coloca la inteligencia de Bolívar al servicio de una causa banal y que poco honor le rinde. Éste es un discurso que ha sido pensado frase a frase, párrafo a párrafo y en su estructuración lógica de una manera que debe haber resultado agotadora. Obedece a un plan, tanto desde el punto de vista de los temas sensibles que toca, como de la concepción estratégica del proceso político y militar por parte de quien se prepara para asumir el mando supremo en todos los órdenes del proceso.
A este respecto, el primer párrafo, ya citado, es tan famoso como impecable por su capacidad de síntesis. Insisto en que allí están enunciadas todas las líneas maestras del discurso. El guerrero ciudadano aparece en la primera línea de la batalla discursiva. No habla a través del americano o los americanos meridionales, sino que se dirige directamente a ellos. Sólo que los interlocutores, que vistos desde Jamaica vagaban sin rumbo en la historia, son convocados de manera específica a ella como Soberanía Nacional con el propósito de que ejerzan su voluntad absoluta, o lo que Rousseau llamaba la voluntad general. Interviene Dios, pues el guerrero ciudadano ha sido elegido por la providencia para elegir a los Representantes del Pueblo; -otro concepto rousseauniano-, fuente de autoridad legítima y depósito de la voluntad soberana y, más allá de todo este modelo de contrato social al estilo de Rousseau, árbitro del destino de la nación; vale decir, el conjunto de los representantes convocados es la guía de una historia que mira al futuro. El guerrero, que en realidad es un ciudadano hasta la muerte, es quien les ha asignado la tarea convocándolos. Con lo cual, reiterando la dicha ya indicada, pero además consagrándola como el consenso de todos, incluso con la de las generaciones futuras, reafirma:
Cuando transmito a los Representantes del Pueblo, el poder supremo que se me había confiado, colmo los votos de mi corazón, los de mis conciudadanos, y los de nuestras futuras generaciones que todo lo esperan de nuestra sabiduría, rectitud y prudencia. Al cumplir con este dulce deber, me liberto de la inmensa autoridad que me agobiaba; como de la responsabilidad ilimitada que pesaba sobre mis débiles fuerzas. Solamente una necesidad forzosa, unida a una voluntad imperiosa, por parte del Pueblo me habría sometido al terrible y peligroso encargo de Dictador Jefe Supremo de la República. Pero ya respiro, devolviéndoos esta Autoridad, que con tanto riesgo, dificultad y pena he logrado mantener en medio de las tribulaciones más horrorosas que pueden afligir a un Cuerpo Social. 11
Su papel como guerrero y dictador no sólo es glorificado por la convocatoria, sino que incluso es legitimado por el pueblo que se lo había impuesto tiempo atrás y que hoy es objeto de la convocatoria y destinatario de su desprendimiento. El libertador ha cerrado el círculo simbólico de un plan concebido en términos estratégicos. Se define como un guerrero ciudadano que convoca a aquel que ya lo ha legitimado como líder, y cuyo desprendimiento constituye su primer acto de ciudadanía.
En relación a la instancia de la historia, considerada en el segundo sentido antes señalado, es decir, como realidad del mundo concreto y perspectiva de futuro, hay que decir que el itinerario discusivo descrito hasta aquí ha desplegado una característica del pensamiento moderno, cual es la despersonalización de hechos y personajes. Efectivamente, el hombre moderno no es éste o aquél. Es un universal, un signo de la historia como universal que da sentido a la específica historicidad. Convertir una revolución en la explosión de un torrente infernal, no es una explicación histórica, sino una metáfora que significa la independencia al conceptuarla como parte del cambio histórico ineludible. Hablar del hombre como la débil paja arrebatada por el huracán revolucionario no es tampoco una explicación de sus acciones particulares, sino una filosofía de la relación del hombre con la historia, Por eso el discurso no se detiene aquí a explicar o justificar acciones, en alguna medida consideradas parte de una fuerza que las trasciende. Señalar como los autores de un proceso particular factores generales como la ley, la religión, el carácter nacional, o la historia de países y continentes, no es comprender su particularidad, sino significarlo en tanto que temporalidad específica.
Desde esta perspectiva, el Discurso de Angostura es una contribución de este lado del planeta a esa visión cosmopolita de la historia humana según valores universales referidos al hombre y la cultura que impuso la Ilustración en Occidente, y que no tardó mucho en tornarse hegemónica para el desarrollo de una civilización de alcance mundial. Después de la revolución económica en Inglaterra y de la revolución política en Francia, el desarrollo de un proceso histórico planetario (particularmente referido a la industrialización y sus efectos en el plano económico, así como el estado nacional en lo político administrativo) se acentúa y adquiere un carácter irreversible. Desde finales del siglo XVIII Occidente ha atrapado en sus redes al resto del planeta, decía Toynbee. El proceso de independencia en Venezuela -y en general en América Latina- no escapa a esta realidad de alcance planetario. Y Bolívar es plenamente consciente de la dimensión planetaria en la que está inmerso el proceso político del cual se convierte en líder indiscutible a partir de 1819. La siguiente descripción histórica así lo señala de manera expresa:
Y pasando de los tiempos antiguos a los modernos encontraremos la Inglaterra y la Francia, llamando la atención de todas las naciones (pueblos;) y dándoles lecciones elocuentes, de todas especies en materia de gobierno. La Revolución de estos dos grandes pueblos como un radiante meteoro ha inundado el Mundo con tal profusión de luces políticas, ya que todos los seres que piensan, han aprendido cuales son los derechos del hombre, y cuales sus deberes; en que consiste la excelencia de los Gobiernos, y en que consisten sus vicios. Todos saben apreciar el valor intrínseco de las teorías especulativas de los filósofos y Legisladores modernos. En fin, este astro, en su luminosa carrera, aún ha encendido los pechos de los apáticos Españoles, que también se han lanzado en el torbellino político; han hecho sus efímeras pruebas de Libertad; han reconocido su incapacidad para vivir bajo el dulce dominio de las Leyes, y han vuelto a sepultarse en sus prisiones y hogueras inmemoriales.12
Este extracto nos indica de manera inequívoca cuáles son las coordenadas doctrinales y filosóficas en las que se mueve el pensamiento político de Bolívar. Por lo demás, no hay otras para principios del siglo XIX, ni otro sitio hacia donde mirar que una Europa que recién emerge del antiguo régimen. Tras la revolución de 1789, y en el marco de la geopolítica de la era napoleónica, el concepto de soberanía es el acicate de la evolución jurídica y política del estado moderno. Francia e Inglaterra se constituirán en los modelos paradigmáticos de este proceso a lo largo del siglo XIX. Pero, con ello, también nos está indicando una intención fundamental del discurso: ubicar el proceso de independencia en el mundo, en una historia planetaria que ha arribado a la edad de los seres que piensan, los que saben cuáles son no sus propios derechos y deberes, sino los derechos y deberes del hombre como universal.
Ahora bien. Este uso de la historia como vehículo de valores y principios universales ya lo encontramos en la Carta de Jamaica. En el inventario que hace el americano meridional, son los valores de la libertad y la justicia los que de por sí legitiman el proyecto independentista. Sin embargo, el americano meridional es un paria en una civilización moderna que lo ignora. En el Discurso de Angostura la historia no es sólo portadora de valores que legitiman la acción del hombre -al caso, la lucha por la independencia- sino del hombre mismo como hacedor de historia al luchar por dichos valores. La independencia no es solo una lucha legítima, sino, además, tal y como se nos presenta en el Discurso de Angostura, corolario de los fines que la razón impone a la historia -la construcción del estado nacional-; se trata del ser mismo de la historia en proceso de expansión y desarrollo. Con ello, desde un punto de vista semántico, la instancia de el libertador se ha transformado respecto a la que encontramos en la Carta de Jamaica: el discurso pasa de la expectativa ante los valores de liberad y justicia, a la conciencia histórica de su acontecer concreto como forma de ser del devenir humano.
En efecto, el libertador de la Carta de Jamaica nos habla de un americano meridional al margen de la historia -vale decir, abandonado por las grandes potencias a la cabeza del progreso que no lo auxilian en su legítima causa- mientras que el del Discurso de Angostura nos habla de un proceso que en sí mismo forma parte de la historia, que ha de hacerse un espacio en ella siguiendo el astro de la revolución en su luminosa carrera. Allí están las herramienta: las teorías de los filósofos y de los legisladores modernos. Allí los modelos: Francia e Inglaterra. La independencia no es mero anhelo de americanos meridionales, sino de seres que piensan, que se reconocen en lo humano universal y, por lo tanto, el síntoma de una historia que se impone según razón. El libertador de la Carta de Jamaica nos habla a través de un americano meridional pasivo y quejoso, que contempla en el viento de la historia el mensaje que pasa de largo. El del Discurso de Angostura, por el contrario, no se interesa tanto por el mensaje como por el el viento mismo, convertido en huracán, pues hasta los mismísimos españoles se han lanzado al torbellino político que ha sacudido a la civilización. De esta manera, el libertador es la instancia que, si bien en Jamaica habla al mundo desde América, en Angostura lo hace a América desde el mundo. El de Jamaica es un propagandista; el de Angostura un teórico. Aquél se bate en las arenas de la geopolítica mundial; éste en las de la política de una nación que aún no es pero de la que está preñada la guerra. En Angostura habla el partero.
Hay que leer con mucha sutileza el despojo del mando por parte del hasta entonces jefe supremo, pues tal desprendimiento es, al mismo tiempo que una cesión, la transferencia a los representantes no sólo del mando político, sino, sobre todo, de una responsabilidad histórica que, venida de manos de el libertador, a partir de entonces comparten con el guerrero ciudadano.
Legisladores: yo deposito en vuestras manos el mando Supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el sublime deber de consagraros a la felicidad de la República: en vuestras manos está la balanza de nuestro destino, la medida de nuestra gloria: ellas sellarán los Decretos que fijen nuestra Libertad. En este momento el Jefe Supremo no es mas que un simple ciudadano; y tal quiere quedar hasta la muerte. Serviré sin embargo en la carrera de las armas mientras haya enemigos en Venezuela...13
Es el guerrero ciudadano asignando las tareas en una faena histórica que es común a todos: la construcción de la república. El libertador es el concepto hacedor de un proceso que lo trasciende. En la medida que los representantes aparecen como instancia del discurso, la república se convierte en instancia del proceso de independencia. Si el libertador sigue siendo, como es obvio, un guerrero, la reunión del Congreso como acto creador de la república hace de la guerra la fuente misma de su creación. ¿Puede acaso caber alguna duda respecto a quién es el Jefe Supremo? Sin rango ni galones militares, ahora no sólo lo legitiman los honores ganados en el campo de batalla sino, mucho más que eso, su desprendimiento como signo de grandeza y su ciudadanía como forma de conciencia. La independencia ya no es sólo el rompimiento del lazo colonial, sino el signo de la creación de una nación independiente. Respecto a lo cual, el guerrero ciudadano opta por una república democrática, en apego al concepto rousseauniano de voluntad general del pueblo. Tal es la cuestión a la que viene a dar respuesta su proyecto de constitución. Por lo que, antes de continuar, conviene hacer algunas breves referencias al liberalismo ilustrado en este tema.
Una breve referencia a la idea de pueblo del liberalismo ilustrado.
La palabra pueblo viene del latín populus. Es resultado de la transformación operada en el uso vulgar, al sustituir la o breve acentuada por el diptongo ue, pues el término original, en realidad, designaba el conjunto de todos los ciudadanos varones, y se opone a senatus, con el que se designaba al senado (de senex, anciano) o conjunto de ancianos con funciones consultivas y de gobierno. Originalmente, pues, populus es el conjunto de jóvenes, con armas y voto, pero sin prerrogativas de gobierno. La significación política del término se remonta a los tiempos de la República Romana. El Senatus Populusque Romanum (SPQR) definía al Estado como la integración de dos entidades jurídicas: el senado romano y el pueblo romano. Este acrónimo aparece en los últimos tiempos de la república, hacia el año 80 a. C. como el nombre oficial del estado romano en tos textos históricos, legales y políticos.
El latino populus ha terminado por ser una idea que alude a las connotaciones filosóficas de la Ilustración. En virtud de lo cual se designa al conjunto de los individuos que, constituidos como ciudadanos, forman un cuerpo político libre y soberano del que emana toda autoridad. Siguiendo a Rousseau, un pueblo no es un mero agregado de individuos, sino una totalidad de ellos instituida social y políticamente. Una segunda acepción es la referida a los habitantes de un territorio o región que comparten un entorno cultural y una tradición histórica. En este sentido, el concepto alude al alemán Volk que, a diferencia de la ilustración francesa, no se refiere a la autorregulación política del pueblo como soberano, sino a un organismo que existe antes que el estado, con identidad propia -espíritu del pueblo. Así planteado, el concepto supone una correspondencia entre la naturaleza y la forma de ser de una comunidad.
Estos dos sentidos del término pueblo han determinado sendas concepciones acerca de los fundamentos de la existencia social. La una afirma que son las instituciones políticas la base de la conformación de la comunidad. La otra acentúa el papel de la cultura (identidad del pueblo expresada a través del lenguaje, la tradición y la historia) como unificadora del todo social. Rousseau es un representante de la primera. Herder es uno de los más connotados representantes de la segunda. Heredero de estas dos tradiciones teóricas, ya en el siglo XIX Hegel intenta reunirlas en su concepto de Estado.
A medida que evoluciona la sociedad industrial, va surgiendo la que podría considerarse una tercera acepción: la referida a los estratos sociales más deprimidos en la escala económica de una sociedad clasista, también llamados sectores populares y que constituyen la mayoría de la población. Es el mundo de los no ciudadanos -aunque puedan estar jurídicamente definidos como tales-, los excluidos de las decisiones políticas. La afirmación, un tanto manida y estereotipada, de que la voz del pueblo es la voz de dios, hace referencia a esta acepción; la que señala hacia el pueblo llano, también conocido como las masas o el pueblo trabajador. En este sentido, el pueblo es una entidad política confusa en la diversa estratificación social y que, tras el desarrollo del industrialismo, ha rebasado los cánones filosóficos y jurídicos del liberalismo ilustrado.
En efecto, la expansión del capitalismo industrial a lo largo del siglo XIX es el factor que traza una divisoria histórica fundamental en este tema. Cuando, en los momentos iniciales de la República Romana, la plebe se retiró al Aventino, el conflicto fue resuelto mediante la creación de una nueva institución; el Tribunado de la Plebe, con lo que el sector de los plebeyos era asumido como particular objeto de justicia. Con ello se enriquecía aquella estructura institucional, pero no se la transformaba de manera esencial. El plebeyo no dejaba de ser tal. Muy por el contrario, al margen de los beneficios que la nueva institución representaba, con ella, se reafirmaba la condición social de la plebe14. Pero cuando, mucho más tarde, la revolución en Francia de finales del siglo XVIII disolvía la sociedad estamental del antiguo régimen, creaba, sobre la base de un nuevo concepto de Estado y de soberanía, una nueva estructura social. Hasta entonces, el pueblo fue mera plebe, vulgo o muchedumbre. Más allá de la diversa composición socio económica del tercer estado, el pueblo de esta revolución, a diferencia del de la República Romana, quedaba incorporado al Estado. Ciertamente, lejos estaba la revolución de eliminar los prejuicios y desprecios respecto a la muchedumbre. Pero esto pasó a ser más un problema cultural que político y jurídico. El pueblo forma parte de la realidad jurídica y social a la que apunta el concepto de ciudadanía y soberanía del estado moderno.
Se dice que Voltaire, en alguna exquisita cena de los círculos cortesanos de su época, dijo: hablemos de libertad, mas no delante de la servidumbre, que ha de dejarnos sin cubiertos. Tal discreción era posible en tiempos del despotismo ilustrado, del que, como se sabe, fue un consentido. Pero luego de la Revolución Francesa las cosas cambiaron. Desde entonces, para bien o para mal, en política preciso es contar con el pueblo. Toda la historia política moderna, particularmente desde el punto de vista institucional, gira en torno a este concepto. No importa cuán universal haya llegado a ser el concepto de ciudadanía que incluye al pueblo llano. Políticamente hablando, siempre ha sido una bomba de tiempo. No hay proceso político contemporáneo que no haya tenido que ver de frente el tenebroso rostro de la miseria y la exclusión emergiendo desde los abismos que las revoluciones abren en los terrenos hasta entonces planos y monótonos de la historia. La élite piensa la revolución y, a la primera barricada, el pueblo se asoma. En este sentido, el pueblo, como realidad y como concepto, es la palanca ideológica esencial en la historicidad del mundo contemporáneo y, también, la cara grotesca de dicha historicidad, la nota discordante en el concierto mundial del progreso.
El pueblo del liberalismo ilustrado es una abstracción al margen de la diferenciación social de los grupos humanos resultante de la actividad económica, la propiedad de los medios de producción y la obtención de excedentes. Es la designación del todo de la comunidad como depositaria de la soberanía de la nación. No es un grupo, un sector o un segmento de la sociedad, sino, por el contrario, el modo en que todos los grupos o sectores, diferenciados socialmente, quedan, pese a ello, subsumidos en el pacto social, base de la organización política e institucional de toda sociedad y fuente de soberanía.
Como es bien sabido, esta idea del pacto social es un tema distintivo pensamiento ilustrado, un componente fundamental en el desarrollo de una teoría política que desde fines del siglo XVI cuestiona el derecho divino de los reyes y reivindica los derechos del individuo frente al Estado. En los siglos XVII y XVIII la teoría política basada en el concepto de pacto social se inserta en la doctrina del derecho natural. Las principales propuestas teóricas relativas a este importante concepto fueron sistematizadas por Thomas Hobbes, John Locke y Jean-Jacques Rousseau. En términos generales, el pacto social es presentado como implícito al organismo social. Responde a la necesidad de preservar la seguridad individual y regular la naturaleza conflictiva de las relaciones humanas. Hobbes concibe el Estado como un poder organizado que se basa en la suma de voluntades individuales con el propósito de obtener garantías comunes. Lo ideal es delegar en un único hombre el poder y que este soberano supremo goce de un poder legislativo absoluto. Locke admite en lo fundamental la teoría del contrato social de Hobbes, pero afirma que la soberanía reside en el pueblo y no en el gobernante. Éste es sólo un administrador de dicha soberanía y que, por lo tanto, rinde cuenta de sus actos al pueblo. Al hablar del poder político, afirma Locke:
Entiendo, pues, que el poder político consiste en el derecho de hacer leyes, con penas de muerte, y por ende todas las penas menores, para la regulación y preservación de la propiedad; y de emplear la fuerza del común en la ejecución de tales leyes, y en la defensa de la nación contra el agravio extranjero: y todo ello sólo por el bien público.15
Y éste es el problema central y polémico del concepto de soberanía: en dónde reside el poder político. Para Hobbes la democracia, aunque del todo concebible desde el punto de vista teórico, es impracticable en el quehacer histórico real. La diferencia entre monarquía, aristocracia y democracia no es de poder, sino de capacidad real para producir la seguridad y el bienestar del pueblo. Si la soberanía puede ser ejercida por el pueblo sobre el pueblo, no puede haber efectividad de la voluntad soberana, pues cuando es atribuida al pueblo, la soberanía, al no llegar a constituir una diferenciación entre la instancia que manda y la que obedece, el acto de autorización es inoperante. En consecuencia, una vez constituida, la soberanía deja de ser soberanía del pueblo, pues, concedida al gobernante, el pueblo se destituye a sí mismo como soberano. De allí que, para Hobbes, una democracia no es sino una aristocracia de oradores, interrumpida a veces por la monarquía temporal de alguno de ellos.
Rousseau, por el contrario, defiende la posibilidad histórica real del pueblo como depositario de la soberanía, En su concepto. el pacto social no es sólo un mero acuerdo entre individuos que buscan seguridad y garantía, sino el proceso mismo de constitución de la soberanía:
Un pueblo -dice Grotio- puede darse a un rey. Según Grotio, un pueblo existe, pues como tal pudo dársele a un rey. Este presente o dádiva constituye, de consiguiente, un acto civil, puesto que supone una deliberación pública. Antes de examinar el acto por el cual el pueblo elige un rey, sería conveniente estudiar el acto por el cual un pueblo se constituye en tal, porque siendo este acto necesariamente anterior al otro, es el verdadero fundamento de la sociedad.16
A partir de su noción de voluntad general, Rousseau desarrolla una profunda reformulación de la idea del pacto social, que tendrá un enorme impacto en el desarrollo político posterior.
Si se descarta, pues, del pacto social lo que no es de esencia, encontraremos que queda reducido a los términos siguientes: "Cada uno pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general, y cada miembro considerado como parte indivisible del todo."17
El pacto que sugiere Rousseau no es el que tiene lugar entre dos entidades diferentes, sino entre una multitud o suma de individuos y tales individuos considerados como un todo. La soberanía del pueblo no es mera cuestión de formalidad y designación respecto a la forma de gobierno, sino el acto de su propia constitución como tal. Contrariamente a lo que afirma Hobbes, la soberanía del pueblo es la única forma válida de la soberanía, pues es el pueblo la única entidad que puede encarnar la voluntad general. El pueblo es a la vez el sujeto y el objeto de la voluntad general.
Este acto de asociación convierte al instante la persona particular de cada contratante en un cuerpo normal y colectivo, compuesto de tantos miembros como votos tiene la asamblea, la cual recibe de este mismo acto su unidad, su yo común, su vida y su voluntad. La persona pública que se constituye así, por la unión de todas las demás, tomaba en otro tiempo el nombre de ciudad y hoy el de república o cuerpo político, el cual es denominado Estado cuando es activo, Potencia en comparación con sus semejantes. En cuanto a los asociados, éstos toman colectivamente el nombre de pueblo y particularmente el de ciudadanos como partícipes de la autoridad soberana, y súbditos por estar sometidos a las leyes del Estado.18
Siendo en sí misma su acto de constitución como pueblo, la soberanía es inalienable, pues ninguna autoridad puede estar por encima de la naturaleza constitutiva de la voluntad general. Y más allá de lo político, la soberanía conlleva también una dimensión moral que parte del ser mismo del individuo:
...cada individuo puede, como hombre, tener una voluntad contraria o desigual a la voluntad general que posee como ciudadano: su interés particular puede aconsejarle de manera completamente distinta de la que le indica el interés común; su existencia absoluta y naturalmente independiente puede colocarle en oposición abierta con lo que debe a la causa común como contribución gratuita, cuya pérdida sería menos perjudicial a los otros que oneroso el pago para él, y considerando la persona moral que constituye el Estado como un ente de razón -puesto que éste no es un hombre, gozaría de los derechos del ciudadano sin querer cumplir o llenar los deberes de súbdito, injusticia cuyo progreso causaría la ruina del cuerpo político.
A fin de que este pacto social no sea, pues, una vana fórmula, él encierra tácitamente el compromiso, que por sí solo puede dar fuerza a los otros, de que, cualquiera que rehusé obedecer a la voluntad general, será obligado a ello por todo el cuerpo; lo cual no significa otra cosa sino que se le obligará a ser libre, pues tal es la condición que, otorgando cada ciudadano a la patria le garantiza de toda dependencia personal, condición que constituye el artificio y el juego del mecanismo político y que es la única que legitima las obligaciones civiles, las cuales, sin ella, serían absurdas, tiránicas y quedarían expuestas a los mayores abusos. 19
Con su reformulación del concepto de pacto social Rousseau se convierte en el teórico de la soberanía del pueblo y la democracia, El gobierno no es más que el representante de la voluntad general. El pueblo debe participar en la creación de las leyes y en la elección de aquellos que han de velar por su cumplimiento. Si bien “el hombre nació libre y dondequiera que esté se encuentra encadenado”, el contrato social establecido a partir de la voluntad general cambia esta premisa que define el paso del estado de naturaleza a la civilización. Esta es la doctrina que en lo fundamental respalda teóricamente el Discurso de Angostura. Respecto a lo cual cabe la siguiente observación.
Según lo escrito por Delacroix en su diario, afirma Bolívar que en Voltaire se encuentra todo; estilo, grandes y profundos pensamientos, filosofía, critica fina y diversión. Pero, además, el comentario va acompañado de un detalle muy significativo, como es que este elogio de Voltaire se contrapone a la crítica de W Scott y Rousseau (refiriéndose particularmente a La Nueva Eloisa)20. Si esto es cierto, quiere decir que Bolívar discrimina entre el Rousseau romántico, o precursor del romanticismo, y el racionalista, y que al primero desmerece en Bucaramanga, tanto como lo inspira el segundo en Angostura, donde, por cierto, para nada menciona o hace referencia alguna a Voltaire. En todo caso, la influencia de Rousseau en el Discurso de Angostura es determinante, no sólo desde el punto de vista de la teoría política sino, mucho más aún, en cuanto a la dimensión moral del pacto social. La insistente preocupación de Bolívar por la educación y formación ética del ciudadano como única vía para la creación de un verdadero republicano, es también de esencia rousseauniana. Tal preocupación es constante a lo largo de la argumentación misma del discurso, y se hace particularmente notoria en sus propuestas constitucionales concretas, como es la del Poder Moral en Angostura o, años más tarde, la de los Censores en el proyecto constitucional redactado para Bolivia. De hecho, en la misma carta a White ya citada en la introducción de este ensayo, Bolívar sugiere esta preocupación como la clave de su discurso:
Tenga V. la bondad de leer con atención mi discurso, sin atender a sus partes, sino al todo de él. Su conjunto prueba que yo tengo muy poca confianza en la moral de nuestros ciudadanos, y que sin moral republicana no puede haber gobierno libre. Para afirmar esta moral, he inventado un cuarto poder, que críe los hombres en la virtud y los mantenga en ella. También este poder le parecerá a V. defectuoso. Mas, amigo, si V. quiere República en Colombia, es preciso que quiera también que haya virtud política. Los establecimientos de los antiguos nos prueban que los hombres pueden ser regidos por los preceptos más severos. Todo el cuerpo de la historia manifiesta que los hombres se someten a cuanto un hábil legislador pretende de ellos, y a cuanto una fuerte magistratura les aplica. Dracón dio leyes de sangre a Atenas, y Atenas las sufrió, y aun observó hasta que Solón quiso reformarlas. Licurgo estatuyó en Esparta lo que Platón no se habría atrevido a soñar en su República si no hubiese tenido por modelo al legislador de Esparta. ¡A qué no se han sometido los hombres y a qué no están sometidos aún! Si hay alguna violencia justa, es aquella que se emplea en hacer a los hombres buenos y por consiguiente, felices; y no hay libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar la humanidad, y a perfeccionarle su suerte. Todo lo demás es de pura ilusión, y quizá de una ilusión perniciosa. Perdone V., amigo, esta larga digresión sobre mi discurso, pues V. bien la merecía hace mucho tiempo, y yo se la había ahorrado, más bien por desidia que por buena voluntad.21
Pueblo, independencia y soberanía
Respecto a la idea de pueblo no encontraremos en Bolívar una perspectiva sociológica o clasista, ni tampoco aquella característica del romanticismo alemán que nos habla de una tradición en la que está implícita el espíritu del pueblo, anterior, incluso, al estado y la nación. Tampoco encontraremos ese pueblo héroe colectivo del que posteriormente nos hablará el romanticismo francés a través de Michelet, ni mucho menos algo parecido al proletariado del socialismo utópico o del científico. El tema que ocupa a Bolívar en Angostura es la independencia y la implantación del estado nacional, la conjunción de ambas dimensiones en un proceso que depende de la fusión de lo civil y lo militar. Su concepto de pueblo está subsumido en la dimensión de lo político y lo institucional, según el impacto que la doctrina liberal tiene para entonces en América.
En tal sentido, Bolívar es un liberal, clásico representante del pensamiento ilustrado, un signo de modernidad. Particularmente en el Discurso de Angostura, sigue en lo fundamental a Rousseau. En tal sentido, el concepto de pueblo queda circunscrito al contrato social y la soberanía popular vinculada a la nación y la totalidad del estado. La tan citada máxima de unidad, unidad, unidad no es una consigna política, sino una propuesta conceptual respecto a la organización política e institucional del estado:
Para sacar de este caos nuestra reciente República, todas nuestras facultades morales no serán bastantes si no fundimos la masa del Pueblo en un todo: la composición del Gobierno en un todo; la Legislación en un todo, y el espíritu nacional en un todo. Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa. La sangre de nuestros ciudadanos, es diferente, mezclémosla para unirla, nuestra constitución ha dividido los Poderes enlacémoslos para unirlos...22
Bolívar es, pues, un liberal rousseauniano puesto a actuar como general y presidente allende la Europa civilizada, en la inmensidad salvaje e ignota de la que el mismo Rousseau, por cierto, toma los ejemplos con que ilustra sus disertaciones acerca del origen de la desigualdad humana.23 Mientras el filósofo ilustrado intenta reconstruir la transición de la libertad natural a la libertad civil, y establecer así el nuevo concepto de soberanía con el que revolucionará la doctrina del contrato social como base del estado moderno, Bolívar se las ve cara a cara con la realidad social y política del orden colonial en ruinas que deja tras su resquebrajamiento el imperio español.
La idea de pueblo con que nos encontramos en el Discurso de Angostura no está dada por el papel de la cultura como unificadora del todo social. Por el contrario, tal connotación parece estar expresamente excluida al afirmar, retomando un pasaje de la Carta de Jamaica, que:
Al desprenderse la América de la Monarquía Española, se ha encontrado semejante al Imperio Romano cuando aquella enorme masa cayó dispersa en medio del antiguo mundo. Cada desmembración formó entonces una Nación Independiente conforme a su situación o a sus intereses; pero con la diferencia de que aquellos miembros volvían a restablecer sus primeras asociaciones. Nosotros ni aun conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo: no somos Europeos, no somos Indios sino una especie media entre los Aborígenes y los Españoles. Americanos por nacimiento y Europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión, y de mantenernos en el país que nos vio nacer contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el mas extraordinario y complicado.24
No es, pues, la identidad del pueblo expresada a través del lenguaje, la tradición y la historia lo que pueda constituir base alguna para la creación y desarrollo del estado nacional. Para Bolívar no existe lo que en la filosofía alemana se conoció como el espíritu del pueblo, considerado incluso anterior a la conformación de la nación. Lo que la desmembración del orden colonial deja tras de sí es una mezcla amorfa y confusa de etnias y servidumbres. Si a esto se añade lo que Bolívar llama la privación de la tiranía activa y dominante, es decir, el control total de la actividad gubernativa por parte del colonizador y que hace de la aristocracia americana una suerte de mera subsidiaria abstraída y ausente del universo en cuanto era relativo a la ciencia del gobierno25, el cuadro que muestra el libertador es de desolación total. Resultado de un largo proceso histórico de dominación colonial, tal cuadro marca una diferenciación internacional entre lo español y lo americano, más no social entre mantuanaje y pueblo llano. La tiranía activa y dominante es noción que no deja lugar a dudas en este sentido. La experiencia de 1814 ha de haber dejado en Bolívar imborrables lecciones al respecto y que han debido de ser tomadas muy en serio a la hora de elaborar su propuesta política en Angostura. Si, como se ha dicho tantas veces, el decreto de Guerra a Muerte, en 1813, es una forma de internacionalizar la guerra, el Discurso de Angostura es una forma de hacerlo con la política en 1819. Lo que el libertador nos muestra es un todo social desbastado y anárquico, que no distingue entre ricos y pobres, dominantes y dominados, libres y esclavos. Una suerte de tercer estado resultado de la intempestiva ruptura del mundo colonial y que, como aquel de la Francia revolucionaria de finales del siglo XVIII, ha de ser políticamente organizado según el modelo republicano.
Todo el concepto de libertad que recorre de punta a punta el Discurso de Angostura es, en este sentido, rigurosamente rousseauniano. Leerlo fuera de estos parámetros ideológicos es pensar que cuando afirma, por ejemplo, que la esclavitud es la hija de las tinieblas, Bolívar se está refiriendo a los negros explotados en las plantaciones de los grandes terratenientes. O que cuando afirma que un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción, está clamando por el derecho de estos mismos negros a la instrucción pública. El pueblo del Discurso de Angostura no está concebido en términos de estructura social sino de soberanía política. No es un concepto sociológico, sino jurídico e institucional. De allí que, en el proyecto de constitución que propone, el libertador se esmere en hacer señalamientos precisos orientados a establecer el control que toda democracia debe ejercer sobre los excesos de la licencia popular.
Legisladores. Por el proyecto de constitución que reverentemente someto a vuestra sabiduría, observareis el espíritu que la ha dictado. Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos mas grandes palancas de la industria, el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo mas difícil entre los hombres, hacerlos honrados y felices. Poniendo restricciones justas y prudentes en las Asambleas primarias y Electorales ponemos el primer Dique a la licencia Popular, evitando la concurrencia tumultuaria y ciega que en todos tiempos ha imprimido el desacierto en las Elecciones, y ha ligado por consiguiente el desacierto a los Magistrados y a la marcha del Gobierno; pues este acto primordial, es el acto generativo de la Libertad, o de la Esclavitud de un Pueblo.
Para Bolívar, como para Rousseau, son las instituciones políticas la base de la conformación de la existencia social. Lo que caracteriza el modelo político que Rousseau desarrolla en El Contrato Social es la idea de voluntad general. No se trata de la voluntad de todos, sino de la voluntad universal y normativa, que se conforma por una cualificación moral y en función del bien común. Su mandato es inapelable. Este ideal político se basa en la autonomía racional, según la cual cada uno de los asociados, al entregarse al pacto social, se obedece a sí mismo porque las leyes se fundamentan en la voluntad general. Cada ciudadano es a su vez legislador, al deliberar públicamente en la creación de las reglas, y súbdito, al someterse a la obediencia de las mismas. En atención a tal ideal, Bolívar observa que el establecimiento de un régimen republicano en América pasa por la formación de republicanos. Tal es la tarea que asigna a los representantes una responsabilidad educativa, de formación de ese todo social anárquico y en ruinas que viene dejando tras de sí el proceso de la guerra:
Un Pueblo pervertido si alcanza su Libertad, muy pronto vuelve a perderla; por que en vano (las luces de la experiencia) se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud, que el imperio de la Leyes es mas poderoso que el de los tiranos, por que son mas inflexibles y todo debe someterse a su benéfico rigor: que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de la Leyes, que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la Libertad. Así, Legisladores, vuestra empresa es tanto mas ímproba, cuanto que tenéis que constituir a hombres pervertidos por las luciones del error... La Libertad dice Rousseau, es un alimento suculento, pero de difícil digestión. Nuestros débiles conciudadanos tendrán que robustecer su espíritu mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la Libertad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista en las sombras de la mazmorras, y aniquiladas por las pestilencias serviles, ¿serán ellos capaces de marchar con pasos firmes hacia el augusto templo de la Libertad? ¿serán ellos capaces de admirar de cerca sus esplendidos Rayos, y respirar sin opresión el éter puro que allí reina?26
Aquí, casi sin darnos cuenta, sumidos en este contraste metafórico, el discurso ha llevado el concepto de pueblo y de libertad del pueblo, a un nivel de sublimación tal que se torna casi un imposible. Las contradicciones sociales quedan subsumidas en un concepto totalizador de soberanía y voluntad general que no es sólo una definición política e institucional, sino, más aún, histórica. De las tinieblas de la esclavitud y de la ignorancia como autodestrucción, hemos pasado al augusto templo de la libertad, flanqueado por espléndidos rayos y donde reina un éter puro. El guerrero ciudadano nos ha guiado por el artificioso pasaje que nos conduce del infierno de un pueblo pervertido al cielo de una república moderna, de un pasado atroz y decadente a un futuro pletórico de orden y progreso. Pero éste proceder no es sólo una forma de ilustrar la historia y el futuro, sino, además, el modo en que el guerrero ciudadano prepara el terreno discursivo para adentrarnos en un tema tan fundamental como espinoso: la forma de gobierno. Y aquí empiezan las diferencias con Rousseau.
El ideal político de El Contrato Social puede realizarse bajo cualquier forma de gobierno. Para Rousseau, una república es todo Estado regido por leyes emanadas de la voluntad general, cualquiera que sea su forma de administración gubernamental. Rousseau concibe la democracia como un gobierno directo del pueblo, en el que todos los ciudadanos, libres e iguales, pudieran concurrir a manifestar su voluntad para llegar a un acuerdo común. Toda ley ha de ser ratificada por el pueblo. La soberanía no puede ser representada por la misma razón que no puede ser enajenada. Pero Bolívar no es indiferente a la forma de gobierno. Por el contrario, de una acertada decisión en este tema depende el curso del proceso político de emancipación.
Meditad bien vuestra elección Legisladores. No olvidéis que vais a echar los fundamentos a un Pueblo naciente que podrá elevarse a la grandeza que la naturaleza le ha señalado, si vosotros proporcionáis su base al eminente rango que le espera. Si vuestra elección no está presidida por el genio Tutelar de Venezuela que debe inspiraros el acierto al escoger la naturaleza y la forma de Gobierno que vais a adoptar para la felicidad del Pueblo; si no acertáis, repito, la Esclavitud será el término de nuestra transformación. 27
Es aquí donde el guerrero ciudadano vuelve a tomar las riendas del discurso para empujar en una de sus tareas fundamentales: la democracia como el único régimen en que se puede realizar la libertad, pero dejando claro que se trata de una democracia guiada, atemperada, sujeta a los controles del exceso y la anarquía, así como a los rigores de la educación y formación moral del republicano. Con ello, el guerrero ciudadano está señalando hacia el pasado reciente, hacia ese federalismo complaciente y mojigato bajo el que sucumbió la primera república -según ha quedado establecido en el análisis que recoge Manifiesto de Cartagena-, y hacia esa anarquía cruel y destructora bajo la que sucumbió la segunda -según lo referido en el Manifiesto de Carúpano. Pero no lo hace de la misma manera directa, crítica y exacerbada que encontramos en estos textos. El guerrero ciudadano no es un analista político de la guerra, sino una representación consciente de ella como temporalidad y fuente de nacimiento o renacimiento de la república. En el Discurso de Angostura la guerra deja de ser objeto de análisis para convertirse en síntoma del tiempo histórico e impulso creador de una nueva era. que ha de hacer del régimen republicano y la democracia el signo distintivo de una nación soberana e independiente. El guerrero ciudadano primero nos habla de una historia que recoge el espectáculo de sumisión e indolencia respeto a la libertad:
Los anales de los tiempos pasados os presentarán millares de Gobiernos. Traed a la imaginación las naciones que han brillado sobre la tierra, y contemplareis afligidos que casi toda la tierra, ha sido, y aun es, víctima de sus Gobiernos. Observareis muchos sistemas de manejar hombres, mas todos para oprimirlos; y si la costumbre de mirar al género humano conducido por pastores de pueblos no disminuyese el horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos al ver nuestra dócil especie pacer sobre la superficie del Globo como viles Rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores. La naturaleza a la verdad nos dota al nacer del incentivo de la Libertad, mas sea pereza, sea propensión inherente a la humanidad, lo cierto es que ella reposa tranquila aunque ligada con las trabas que le imponen. Al contemplarla en este estado de prostitución parece que tenemos razón para persuadirnos que los mas de los hombres tienen por verdadera aquella humillante máxima, que mas cuesta mantener el equilibrio de la Libertad que soportar el peso de la tiranía. Ojalá que esta máxima contraria a la moral de la naturaleza, fuese falsa. ¡Ojalá que esta máxima no estuviese sancionada por la indolencia de los hombres con respecto a sus derechos mas sagrados!
Muchas Naciones antiguas y modernas han sacudido la opresión; pero son rarísimas las que han sabido gozar de algunos preciosos momentos de Libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios políticos: por que son los Pueblos mas bien que los Gobiernos los que arrastran tras sí la tiranía. El hábito de la dominación los hace insensibles a los encantos del honor y de la prosperidad nacional, y miran con indolencia la gloria de vivir en el movimiento de la Libertad, bajo la tutela de Leyes dictadas por su propia voluntad. Los fastos del universo proclaman esta espantosa verdad.
Y luego hace su propia propuesta política:
Solo la Democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta Libertad; pero ¿cuál es el Gobierno Democrático que ha reunido a un tiempo poder, prosperidad, y permanencia? ¿Y no se ha visto por el contrario la Aristocracia, la Monarquía cimentar grandes y poderosos Imperios por siglos y siglos?, ¿Qué Gobierno mas antiguo que el de China?, ¿Qué República ha excedido en duración a la de Esparta, a la de Venecia? ¿El Imperio Romano no conquistó la tierra? ¿No tiene la Francia catorce siglos de Monarquía?¿Quién es mas grande que la Inglaterra? Estas Naciones; sin embargo, han sido o son Aristocracias y Monarquías.
Sin embargo, pese a este panorama sombrío del pasado histórico, que parece hundir sus raíces en la naturaleza misma de la especie, el guerrero ciudadano se muestra optimista, pues en Venezuela la república, pese a haber sucumbido una y otra vez, ha iniciado su proceso hacia la libertad con el sólo hecho de romper los lazos que la ataban a España. La independencia es el modo en que se abren las puertas de la historia hacia una nueva era. A diferencia de los duros cuestionamientos que ocupan al analista de Cartagena, el guerrero ciudadano de Angostura reivindica el primer Congreso como signo de esta nueva era. No es que Bolívar haya dejado de pensar lo que por entonces pensaba en Cartagena. Es que por ahora, en Angostura, a estas alturas del discurso, no es éste el lugar para retomar aquellos críticos señalamiento. El guerrero ciudadano no viene a acentuar la ruptura entre la república habida y la por haber, sino a fundirlas en un todo histórico que las significa como partes de un mismo proceso. Y lo que pretende el guerrero ciudadano es significarlo como expresión de un nuevo tiempo histórico.28,
A pesar de tan crueles reflexiones, yo me siento arrebatado de gozo por los grandes pasos que ha dado nuestra República al entrar en su noble carrera. Amando lo mas útil, animada de lo mas justo,y aspirando a lo mas perfecto al separarse Venezuela de la Nación Española, ha recobrado su Independencia, y su Libertad, su igualdad, su Soberanía Nacional constituyéndose en una República Democrática, proscribió la Monarquía, las distinciones, la Nobleza, los fueros, los privilegios: declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar, y de escribir. Estos actos inminentemente liberales jamás serán demasiado admirados por la pureza que los ha dictado. El primer congreso de Venezuela ha estampado en los anales de nuestra legislación con caracteres indelebles, la majestad del Pueblo dignamente expresada al sellar el acto social mas capaz de formar la dicha de una Nación.
A Bolívar se le suele medir bien como conservador, bien como revolucionario, pero casi siempre según un contraste maniqueo que se fija en aspectos o detalles de su discurso que suelen, como reclama el mismo Bolívar, desentenderse del todo. La idea de una presidencia vitalicia, el establecimiento de un poder moral o la restricción de las elecciones, le han valido ser acusado de conservador, tanto como la liberación de los esclavos o el apoyo popular de los llaneros de revolucionario. En cuanto a lo primero, se trata de instrumentos de control de una democracia que, abierta y sin guía, Bolívar sabe condenada a la anarquía y el fracaso. En cuanto a lo segundo, se trata más de aspectos tácticos que estratégicos o ideológicos, y dudo mucho que los llaneros que lo siguieron hasta Ayacucho lo hayan hecho por razones esencialmente distintas de aquellas por las que siguieron a Boves. Bolívar también lo sabe. En cualquier caso, lo uno no hace de Bolívar un De Maistre, ni lo otro un che Guevara. Bolívar es un rousseauniano, para el momento en que ya los grandes revolucionarios de la Francia de 1789 han caído en desprestigio, la misma revolución ha comenzado a generar un gran escepticismo y la Francia post napoleónica se ha integrado al conservadurismo de la Europa restaurada. Y al mismo tiempo es un pragmático que no está dispuesto a dejar el proceso de independencia y la implantación del Estado Nacional en manos de los teóricos utópicos de la democracia pura. Todo el Discurso de Angostura se mueve en esta línea de la democracia atemperada y la formación del republicano para que haya república. Yo tengo muy poca confianza en la moral de nuestros ciudadanos... Si nosotros guardáramos una desconfianza similar respecto a los nuestros, acaso tendríamos una comprensión mucho más auténtica de Bolívar, y hasta nos habríamos ahorrado buena parte de las apreciaciones extemporáneas y las comparaciones anacrónicas.
Estamos a comienzos del siglo XIX. Hacia finales de 1819. Hegel, el padre de la dialéctica en lo que resta de siglo y durante el siglo siguiente, ha publicado tres años antes su Ciencia de la Lógica y su Enciclopedia de Ciencias Filosóficas y aún no publica su Filosofía del Derecho. Finalizada la guerra de independencia española, el retorno de Fernando VII ha puesto fin a la experiencia constituyente, restaurado el orden legal anterior a la invasión francesa y restablecido el absolutismo. Enclaustrado en Santa Helena, un emperador caído sueña con su viejo anhelo de haberse dedicado a las matemáticas en lugar de dominar el viejo continente. El Congreso de Viena es el espacio para que liberales y conservadores, burgueses y aristócratas, negocien temas cruciales para la geopolítica Europea: Grecia y los Balcanes, Polonia, Italia, Sur América. Al final, la Santa Alianza impone a toda Europa, y con pretensiones de validez para todo el mundo, una geopolítica basada en la unión del trono y el altar. El Zar, los Borbones y el Papado están de fiesta. Mientras, Inglaterra saca sus premeditadas cuentas comerciales respecto a una civilización que se torna mundial, y en Angostura, al amparo de una tienda de campaña, el guerrero ciudadano -que en Europa habría ido preso por jacobino- realiza una de las faenas de semántica histórica de mayor envergadura de la modernidad. Doscientos años después, nosotros discutimos hasta qué punto el sujeto era o no un conservador o un revolucionario.
El Discurso de Angostura nos coloca frente al espectáculo de un pensamiento creador de tiempo histórico hacia el que la voluntad humana ha de empujar los sublimes contenidos del quehacer presente. Soldados y representantes son involucrados en la misma tarea histórica. El guerrero ciudadano no sólo crea futuro, sino que desde el futuro recrea el pasado y asigna temporalidad específica al presente. El discurso ha sido convertido en la tribuna desde el que el guerrero ciudadano, signo de pensamiento y voluntad, habla a la historia, y señala con el dedo de su ilustración a la dócil especie que pace en sus jardines como viles Rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores, así como a la indolencia de los hombres con respecto a sus derechos mas sagrados. Venido de la guerra, el guerrero ciudadano ha asignado pasado, presente y futuro a un proceso que, hasta entonces, estaba huérfano de temporalidad y sentido histórico específico. Siendo tal su propósito, mal podría el libertador arremeter contra el primer congreso como simbología, aunque pueda hacerlo desde un punto de vista político. Por el contrario, el primer congreso representa el primer gran paso de una República al entrar en su noble carrera, tras la separación de España, haciéndose con ello a la Soberanía Nacional y constituyéndose en una República Democrática.
El gobierno
No se entusiasma Bolívar con una doctrina liberal pura, en virtud de la cual el espíritu de la libertad emerge por sí mismo de los abismos de la historia para iluminar una nueva era movida por los principios universales de justicia y equidad. Menos aún en una América sujeta a trescientos años de dominación colonial. En este sentido, su discurso es realista y pragmático. Pese a ser el guerrero ciudadano, tal como se define a sí mismo, un juguete del huracán revolucionario, la historia no deviene por sí misma, sino como síntoma y resultado de la voluntad humana. Si la existencia de la república requiere la creación de republicanos. el gobierno es el instrumento político e institucional de este proceso de creación al que llama el Discurso de Angostura. Se trata, por ello, de una convocatoria histórica. El gobierno, más que un tema administrativo, ha de ser un ejercicio de conciencia y creación históricas.
Para el Bolívar de Angostura no existe un espíritu del pueblo29, no en el caso de Venezuela y, en general, del continente americano. América es una suerte de interceptación cósmica de razas, circunstancias y procesos históricos que la tornan específicamente problemática, inasible y contradictoria como tema político e institucional. y como espacio geohumano para la implantación de un estado nacional. La esclavitud -entiéndase el vivir durante largo tiempo sujeta a la dominación colonial- y la guerra han erosionado por completo el espíritu de sus pobladores. Hay que reconocer en Bolívar al primer político que, en plena guerra y más allá de las prístinas fronteras que demarcan la teoría política y social del liberalismo, da la cara a la compleja dimensión etnográfica en la que está inmerso el proceso independentista. El proyecto nacional se enfrenta a un producto histórico abyecto, corrupto y sin conciencia de sí. Ésta es la adversa premisa de la que parte el libertador para plantear su proyecto político en Angostura. Ha de convencer a los representantes del pueblo de algo que ya ha sido planteado desde los tiempos del Manifiesto de Cartagena: la necesidad de un gobierno fuerte, centralizado, y una conducción disciplinada y rigurosa de la vida institucional basada en la formación moral y la educación. La tarea, una vez más, es puesta en manos del guerrero ciudadano, que con estudiada sagacidad y sutileza se cuida de no desmerecer las tablas agradas de nuestras leyes, es decir, la labor institucional hasta entonces realizada por la dirigencia política y civil, y, no obstante, plantear la necesidad de reformarlo todo. El guerrero ciudadano se mueve con sigilo es este campo minado y, al mismo tiempo, con decisiva reciedumbre. Esta actitud denota la enorme importancia de este discurso como herramienta estratégica.
Necesito de recoger todas mis fuerzas para sentir con toda la vehemencia de que soy susceptible, el Supremo bien que encierra en sí este código inmortal de nuestros derechos, y de nuestras Leyes. ¡Pero como osaré decirlo! ¿Me atreveré yo a profanar con mi censura las tablas sagradas de nuestras Leyes…..? Hay sentimientos que no se pueden contener en el pecho de un amante de la Patria, ellos rebosan agitados por su propia violencia; y a pesar del mismo que los abriga, una fuerza imperiosa los comunica. Estoy herido de la idea de que el Gobierno de Venezuela debe reformarse, y aunque muchos ilustres Ciudadanos piensan como yo, no todos tienen el arrojo necesario para profesar públicamente la adopción de nuevos principios.30
Aunque no todos tienen el arrojo necesario para profesar públicamente la adopción de nuevos principios, el guerrero ciudadano sí. El tema del gobierno comienza aquí. El meollo del asunto ha sido planteado. Se trata de una nueva forma de gobierno. Mientras Rousseau, como antes se ha indicado, es relativamente indiferente a la forma de gobierno -la república es el estado legítimo dado por el contrato y la convención de la que dimanan las leyes- para Bolívar el gobierno es, en América, el factor decisivo. En una América destruida por la esclavitud secular y la guerra cruel, sin posibilidad de establecer contrato alguno entre ciudadanos que lejos están de serlo, sólo queda pensar en el gobierno por sí mismo como el todo creador de estado, de moral y de ciudadanía. El centralismo de Bolívar es el artificio para la creación de una nueva cultura, de un nuevo ser social. Con el guerrero ciudadano la república deja de ser un tema político administrativo, para convertirse en signo de creación histórica. El tono resignado de la Carta de Jamaica ha quedado atrás. El guerrero ciudadano no viene a clamar por un espacio en la historia, sino a hacérselo.
De modo que, de Jamaica a Angostura, el americano meridional ha dejado de ser el paisano inofensivo que, deseoso de justicia y libertad, mira pasar de largo la historia, ante la indiferencia ignominiosa de las grandes potencias de la civilización y el progreso. Allá hablaba al mundo un americano meridional más, uno que era su congénere en esa América abandonada y destartalada tras la caída del imperio español, un portavoz de la desdicha compartida. Acá, el guerrero ciudadano que habla a los representantes del pueblo acerca de la evolución del mundo, descubre otra cara del paisano que en Jamaica nos luce tan sublime y ligero como en Angostura pesado y pervertido, entumecido por la cadenas, miope en las mazmorras de su propia historia, sumido en la pestilencia de la servidumbre.
Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista en las sombras de las Mazmorras, y aniquilados por las pestilencias serviles, ¿serán ellos capaces de marchar con pasos firmes hacia el augusto templo de la Libertad? ¿serán capaces de admirar de cerca sus esplendidos Rayos, y respirar sin opresión el éter puro que allí reina?31
Esta imagen platónica marca una divisoria rotunda entre Jamaica y Angostura. Del pasivo y desilusionado americano meridional pasamos al indolente y activo conglomerado pervertido que opone al proyecto de independencia y la construcción del estado nacional una barrera mucho más dura de vencer que la ignominia de la dominación española y la indiferencia de los gobiernos a la cabeza del progreso en el mundo. Luego de exponer los argumentos que lo legitiman como tal en la primera parte del discurso, el guerrero ciudadano nos va empujando a la realidad de una América bárbara, anárquica e indolente. Así asume su tarea en el discurso. El americano meridional es sublime es su expectativa. El guerrero ciudadano es realista y pragmático en su perspectiva. De la libertad absoluta se pasa al despotismo absoluto; del federalismo a la anarquía; el ciudadano ha de ser forjado en los hornos de la moral y la educación; no todo ha de ser dejado a las libres elecciones; el arte del buen gobierno requiere de ilustración más que de participación popular. Tales son las constantes que se mantienen a lo largo del desarrollo analítico del discurso en el tema de la forma de gobierno, que ocupa toda la segunda parte.
Segunda parte que comienza de una manera tan sutil que casi raya en la ironía;
Cuanto mas admiro la excelencia de la constitución federal de Venezuela, tanto mas me persuado de la imposibilidad de su aplicación a nuestro estado.32
Se resume así, en dos líneas, el argumento central del análisis político que explica la caída de la primera república en el Manifiesto de Cartagena. Acaso se podría haber transcrito aquí aquél análisis33, así como fueron transcritos algunos extractos de la Carta de Jamaica. Pero pensar esto sería perder de vista el modo en que el libertador se ha planteado la tarea discursiva. Pues, a diferencia del analista político de Cartagena, el guerrero ciudadano de Angostura. no viene a analizar la caída de la república, sino a plantear las fundaciones para la elevación de ella. Allá se trata de lo que pasó. Acá de lo que ha de pasar si se administra adecuadamente una tarea que no es sólo militar, sino, sobre todo, política e histórica. La genialidad de Bolívar en este asunto radica en el modo cómo significa la ruptura colonial y la guerra en un todo temporal con proyección de futuro. Desde un punto de vista estratégico, los tiempos de la guerra a muerte han quedado atrás, incluso los de la leyenda negra respecto a España, que aún encontramos como elemento central en la Carta de Jamaica. No es que no subsista esta simbología, pero ella ha pasado a ser subsidiaria del proyecto de construcción del estado nacional. De esta manera, la independencia ha dejado de ser un mero tema de la guerra para pasar a ser un tema de historia en curso. Por eso es preciso insistir en que el Discurso de Angostura asigna temporalidad histórica a todo el proceso de independencia como pasado, presente y futuro, en el más riguroso apego a la semántica del pensamiento moderno.
El guerrero ciudadano no viene, pues, a hacer cuentas de lo que pasó. Esto ya está claro en la primera parte del discurso, pero también en la parte segunda, relativa a la forma de gobierno. A tales efectos, su análisis no va a poner directamente el dedo en la llaga de la debilidad del gobierno federal, sino a observar la historia política de la civilización que, en una visión pragmática, arroja significativas luces para afrontar el reto que el guerrero ciudadano viene a plantear al país entero, y a los representantes del pueblo en particular, o a través de ellos. En esta panorámica, aquella llaga supura por sí sola.
Es así cómo nos habla de la excelencia de régimen norteamericano, para advertir, siguiendo a Montesqueau, la imposibilidad de aplicarlo en Venezuela:
¿No dice el Espíritu de las Leyes que éstas deben ser propias para el Pueblo que se hacen? ¿Qué es una gran casualidad que las de una Nación puedan convenir a otra? ¿qué las Leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los Pueblos? ¿referirse al grado de Libertad que la constitución puede sufrir, a la Religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su Comercio, a sus Costumbres, a sus modales? ¡He aquí el Código de debíamos consultar; y no el de Washington!!!34
A estas alturas, el guerrero ciudadano, sin esconder su admiración por la excelencia del régimen federal y habiéndose declarado ferviente defensor de la república democrática, ya ha dado cuenta del régimen implantado desde 1811 y el modelo que, en buena medida, ha ejercido su enorme influencia al respecto. Dicho esto desde el punto de vista conceptual. Con ello se ha preparado el terreno del discurso para hilar en los detalles más significativos que se propone cambiar: la debilidad del ejecutivo, corolario de la injerencia del congreso en funciones más allá de las propiamente legislativas; la eliminación del triunvirato. Lo que en Cartagena era demanda, en Angostura es persuasión:
Representantes del Pueblo ¡vosotros estáis llamados para consagrar o Suprimir cuanto os parezca digno de ser conservado, reformado o desechado a nuestro pacto Social. A vosotros pertenece el corregir la obra de nuestros primeros Legisladores; yo querría decir que a vosotros toca cubrir una parte de las bellezas que contiene nuestro Código político; por que no todos los corazones están formados para amar a todas las beldades; ni todos los ojos son capases de soportar la Luz celestial de la perfección.35
La tarea ha sido asignada en sus pormenores. Pero no es el resultado de la demanda o el clamor de un individuo ilustre, sino de la historia misma en su desenvolvimiento y de las máximas propias de la sabiduría y doctrina política y los valores universales que ella recoge. Ya no se trata sólo de depositar en los representantes del pueblo una misión universal, como se establece en los momentos iniciales del discurso, sino de ir a los detalles que la realidad concreta exige para cumplir con aquella. Establecida la ciudadanía y la igualdad ante la ley, su correlato, toca ahora cumplir con la política36 ...“allanando las dificultades que opone un sistema tan sencillo y natural, mas tan débil que el menor tropiezo lo trastorna, lo arruina”... De modo que la tarea histórica de la construcción del estado nacional, tal y como la plantea el guerrero ciudadano, ha quedado dividida en dos partes. Una, la humanística y filosófica, ya satisfecha desde los inicios de la república, realizada al tenor de las leyes del primer Congreso, y en virtud de la cual ...”tenemos derecho de esperar que la dicha sea el dote de Venezuela”... Y la otra parte, la que toca a los representantes del actual congreso y por cuyas leyes ...”debemos congeniarnos de que la seguridad y la estabilidad eternizarán esta dicha”...
Obsérvese cómo pasado y presente quedan inextricablemente ligados. Si bien para Bolívar, como sabemos, la conducta de los políticos del primer Congreso ha sido, tal y como afirma desde tiempos del Manifiesto de Cartagena, y lo reafirma en la Carta de Jamaica, desde todo punto de vista, una tara para el proceso de independencia, se cuida muy bien de que su proyecto no represente una ruptura con la labor institucional hasta entonces realizada. No cabe duda de que ello responde en buena medida a que requiere del mayor apoyo posible de los políticos. Pero también, considerado en el contexto simbólico e ideológico del Discurso de Angostura, tal unión entre pasado y presente tiene que ver con el propósito mismo del discurso como instrumento de significación histórica del proyecto independentista en curso. Más allá del análisis político, es tarea del guerrero ciudadano el que esto sea así. Su misión es sacar el proceso de independencia de sí mismo como razón de ser de la historia; es decir, pasar de una dimensión esencialmente bélica del concepto a una histórica. Tal ejercicio semántico sólo es realizable sobre el todo del proceso, y no sólo sobre una parte de él. En este sentido, el cuestionamiento de la conducta política del primer congreso no es el cuestionamiento del pasado, y es subsidiario de la conceptuación del proceso de independencia como totalidad histórica. De hecho, la división de la tarea histórica de la construcción del estado nacional en las dos partes antes indicadas supone que ambas tienen el mismo valor como parte de un todo histórico concreto, pero no como forma de actuación política. Por eso es que a los representantes toca corregir la labor realizada:
...A vosotros toca resolver el Problema ¿Cómo después de haber roto todas las trabas de nuestra antigua opresión, podemos hacer la obra maravillosa de evitar que los restos de nuestros duros hierros no se cambien en armas liberticidas? Las reliquias de la Dominación Española permanecerán largo tiempo antes de que lleguemos a anonadarlas: el contagio del Despotismo ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra, ni el específico de nuestras saludables Leyes, han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos ya están libres, y todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre...37
A continuación, luego de ratificar su apego a la forma republicana y democrática (algo que el libertador se cuida mucho de hacer a lo largo del discurso) una serie de señalamientos, nutridos de ilustraciones históricas, intentan poner en evidencia esta situación. Se refiere a Grecia y Roma antiguas, así como Francia e Inglaterra contemporáneas. Tales ilustraciones no sólo son argumentos de sabiduría y autoridad del que habla, sino parte de la tarea de significación y asignación de temporalidad al proceso de independencia. La historia tiene aquí no sólo una función fundamental como fuente de experiencia y enseñanza,38 sino que, además, y es lo que más interesa desde el punto de vista del discurso en tanto que instrumento de significación histórica respecto al proceso de independencia, el guerrero ciudadano desarrolla respecto a la independencia lo que Arthur Danto llama una estructura narrativa.39 Dice este autor que ..."una narración es una estructura que se impone a los acontecimientos agrupándolos y prescindiendo de otros como irrelevantes"... Y esto es, en cierto modo, lo que viene haciendo el libertador a lo largo del discurso y con diverso alcance. Lo hemos visto a la hora de explicar la guerra y sus dramáticas consecuencias, en la que no ha sido más que la débil paja arrastrada por el huracán revolucionario. Lo vemos también a la hora de fijar el tiempo de América en el tiempo del mundo surcado por el astro de la revolución en su luminosa carrera. Podemos verlo ahora en el modo en que va del mundo antiguo al mundo moderno, y en el que Inglaterra es propuesta como modelo de referencia. La libertad, al final, es un hecho histórico:
Todos los Pueblos del Mundo han pretendido la Libertad, los unos por las armas, los otros por las Leyes, pasando alternativamente de la Anarquía al Despotismo, o del Despotismo a la Anarquía: muy pocos son los que se han contentado con pretensiones moderadas, constituyéndose de un modo conforme a sus medios, a su espíritu y a sus circunstancias.40
En este sentido, el Discurso de Angostura es un ejercicio de temporalidad sobre el momento de la independencia, en virtud del cual ésta deja de ser un evento para convertirse en proceso. Sucede que la personalidad discursiva del guerrero ciudadano se traduce en la despersonalización del acontecer. No siendo, pues, la independencia el resultado de una discreción o voluntad individual o de un grupo determinado, la guerra y la política adquieren su razón de ser del proceso mismo de que son expresión histórica. El lazo colonial ha sido roto más que por el hombre colonial, particularmente considerado, por la historia misma de América y el mundo, y que para el hombre moderno es, en realidad, una sola, movida por valores universales que trascienden la peculiaridad de una determinada región. Incluso el pragmatismo antes mencionado, y según el cual no se debe aspirar a una democracia absoluta, no es sólo resultado del análisis político41, sino que es una referencia histórica en sí mismo.
No seamos presuntuosos, Legisladores; seamos moderados en nuestras pretensiones. No es probable conseguir lo que no ha logrado el género humano: lo que no han alcanzado las mas grandes y sabias Naciones. La Libertad indefinida, la Democracia absoluta, son los Escollos donde han ido a estrellarse todas las esperanzas Republicanas. Echad una mirada sobre las Repúblicas antiguas, sobre las Repúblicas modernas, sobre las Repúblicas nacientes, casi todas han pretendido establecerse absolutamente Democráticas, y a casi todas se les ha frustrado sus justas aspiraciones. Son laudables ciertamente hombres que anhelan por instituciones legitimas y por una perfección social; pero ¿quién ha dicho a los hombres que ya poseen toda la sabiduría, que ya practican toda la virtud, que exigen imperiosamente la liga del poder con la justicia?. Ángeles, no hombres pueden únicamente existir libres, tranquilos, y dichosos, ejerciendo todos la Potestad Soberana.42
Bolívar, como ha quedado dicho, tiene muy poca confianza en sus conciudadanos, y en que la teoría política del iluminismo por sí misma represente alguna garantía respecto a su comportamiento como tales en el marco de un régimen libertario como el que ha sido planteado desde los inicios mismos de la existencia republicana. Apegado a su pragmatismo y realismo históricos que caracterizan el Discurso de Angostura, Bolívar aboga por un gobierno fuerte, centralizado y garante de la integridad moral del cuerpo político que ha de conformar la nación. Si se observa con detenimiento, desde el punto de vista del alcance de su liderazgo, Bolívar ha tomado el camino más difícil; el que supone no sólo la lucha contra el dominio español -respecto a lo cual ya se concibe como vencedor, a la larga-, sino contra la degradación de sus conciudadanos. Como dirá tiempo después, en vísperas de la Batalla de Carabobo, y al referirse al incomprensible carácter de los llaneros y el volcán social social sobre el que se asienta la revolución de independencia: yo temo más la paz que la guerra.43 Pero es éste el camino hacia la gloria que se ha trazado el guerrero ciudadano. Pese a lo cual, el Bolívar de Angostura ya está preñado de un temor así.
Por último. Luego de la segunda parte se abre una tercera y final en la que se hacen algunas solicitudes particulares, tales como la abolición de la esclavitud, el reconocimiento al sacrificio de los militares que han luchado por la independencia, la necesidad de honrar la deuda contraída por la república y la creación de la Gran Colombia, cuestión ésta última que se puede considerar la dimensión geopolítica de la nueva propuesta estratégica implícita en el Discurso de Angostura. Estos últimos párrafos se leen como si, de súbito, el guerrero ciudadano ha desaparecido de la escena. Pero, tras un remate formal, en el que se aboga por un gobierno basado en la igualdad y libertad, es el guerrero ciudadano el que en realidad se despide: Señor, empezad vuestras funciones, yo he terminado las mías.
1Documento No. 3328. Carta de Bolívar para William White, fechada en Angostura el 5 de Octubre de 1818. Archivo Del Libertador. www.archivodellibertador.gob.ve
2Documento 4361. Carta de Bolívar para Guillermo White, Fechada en San Cristóbal el 26 de Mayo de 1820. Archivo del Libertador. www.archivodellibertador.gob.ve
3Como se sabe, en la mitología romana Marte era el dios de la guerra, hijo de Júpiter. Aunque asociado al dios griego Ares, es una deidad itálica, Era un dios guerrero, protector del pueblo, asociado a la tierra, a la protección física y espiritual de los cultivos. No es una deidad celeste, sino de la tierra, del inframundo. Cuentan entre sus virtudes: la intrepidez. la temeridad, el valor, la osadía, virilidad y demás características que tornan sublime al guerrero protector.
4Discurso de Angostura.
5Según Pedro Grases, Manuel Palacio Fajardo sugirió al Libertador cambiar Dichoso por Yo me considero dichoso, lo cual le parecía más modesto, elocuente y natural. Al parecer, Bolívar no consideró para nada tal sugerencia, pues así fue publicado el discurso en el Correo del Orinoco. Posteriormente, en marzo de 1820, Bolívar envía su discurso a Santander, con la indicación de que ponga el mayor esmero en las correcciones. Resultado de lo cual se publicó un folleto con el título de Discurso pronunciado por el General Bolívar al Congreso de Venezuela en el acto de su instalación año de 1819, y que tampoco incluye la sugerencia antes mencionada. Concluye Grases que “Por las enmiendas en el textos y las indicaciones dadas por Bolívar, posteriores a la inserción en el Correo del Orinoco, debe dársele mayor crédito a esta edición de 1820, en cuanto a la fidelidad del texto.” Pedro Grases. Textos de Angostura. p. 95
6A comienzos de 1815, llegó a Margarita Pablo Morillo con un ejército de diez mil hombres. Toma Cumaná, y luego Caracas. Posteriormente ocupa Cartagena, donde permanece hasta octubre de 1816. El gobierno colonial quedó restablecido en Venezuela. Entretanto Bolívar de Jamaica pasa a Haití. A principios de mayo de 1816 llega a Margarita. El 1ro de junio toma Carúpano, Fracasa en Ocumare y regresa a Haití. Las fuerzas que quedaron dispersas marcharon a los llanos. Con la Batalla de El Juncal, el 26 de septiembre de 1816, los patriotas ocupan definitivamente oriente. En 1817 tiene lugar la ocupación de Guayana y la unificación del mando bajo la Jefatura de Bolívar. Mientras, la lucha por el mando del ejército patriota se iba agudizando; Mariño se apartó de la autoridad de Bolívar y Piar no aceptaba la Jefatura de Bolívar en Guayana. Tras la ejecución de Piar el 16 de octubre de 1817, Bolívar controla la conspiración interna en el ejército patriota. Con la ocupación de Guayana goza de un territorio geográficamente seguro, rico en recursos económicos, idóneo para las comunicaciones con el exterior y los llanos, Bolívar y Páez se entrevistaron en el Hato de Cañafístola y ambos, con una tropa de cuatro mil trescientos hombres, de los cuales mil eran jinetes llaneros, iniciaron la Campaña del Centro. Para fines de 1818, los españoles dominaban el territorio del Norte del Orinoco y !os patriotas los del Sur. En Angostura se había organizado la República. El Poder Ejecutivo estaba en manos de Bolívar, como Jefe Supremo. Se había creado un Consejo de Estado con facultades administrativas y un Consejo de Gobierno (Brión, Cedeño y Zea) que asumiría las funciones de Jefe Supremo en su ausencia. Para el gobierno de las provincias libres se nombraron gobernadores: Manuel Cedeño, en Guayana; José Tadeo Monagas, en Barcelona; José Francisco Bermúdez, en Cumaná y Francisco Esteban Gómez, en Margarita. Se fundó el Correo de Orinoco y se promovió la instalación del segundo Congreso Venezolano, el cual se reunió el 15 de febrero de 1819.
7Documento 3589. Discurso de Angostura. www.archivodellibetador.gob.ve
8Idem
9Idem
10Idem
11Ibid
12Documento citado
13Idem
14La república se fundó en el 509 a. C. El cargo del Tribuno de la plebe fue establecido en 494 a. C. Los plebeyos de Roma, a través de una rebelión que amenazó con fundar una nueva ciudad plebeya, lograron que los patricios accedieran a diversas medidas que corrigieran las terribles injusticias de todo orden a que están sometidos los pobres. Tuvo amplia jurisdicción, pero restringida a la ciudad de Roma. Los tribunos no tenían la consideración de magistrados romanos. No podían hacer uso de sus símbolos y prerrogativas formales, ni votar en el Senado, ni formar parte del Consejo de la Ciudad (Curia). Su cargo era anual y terminaba cada año el 10 de diciembre. En general, el cargo de tribuno recaía en plebeyos ricos. Sin embargo, la institución Tribunicia no solucionó la situación de los campesinos pobres. Al enfrentamiento entre patricios y plebeyos de antaño, siguió la oposición entre ricos (en su mayor parte patricios pero también con cierto número de plebeyos) y pobres (plebeyos). A la postre, el poder del tribunado de la plebe fue absorbido por los emperadores.
15Jonh Locke. Ensayo sobre el gobierno civil. p. 16
16Juan J. Rousseau. El Contrato Social. p. 13
17J.J. Rousseau. Op cit. P 15
18Idem
19Idem.. p. 18
20En la comida volvió S.E. a hacer el elogio de la obra del Caballero de Parni; paso después a elogiar las de Voltaire, que es su autor favorito; criticó luego algunos autores Ingleses, particularmente. a Walter Scott, y concluyó diciendo que la Nueva Eloisa de Juan. Jacobo Rousseau no le gustaba por lo pesado de la obra, y que solo el estilo es admirable: que en Voltaire se encuentra todo; estilo, grandes y profundos pensamientos, filosofía, critica fina y diversión. Perú Delacroix. Diario de Bucaramanga. p.
21Documento citado
22Discurso de Angostura
23En varias ocasiones a lo largo de su discurso Rousseau hace referencia al Caribe, basado en las anotaciones atribuidas a un viajero español, Francisco Correal. Incluso, en la primera de ellas, menciona concretamente a Venezuela: He aquí, sin duda, la razón por la cual los negros y los salvajes se preocupan tan poco de los animales feroces que pueden encontrar en los bosques. Los caribes de Venezuela, entre otros, viven a este respecto en la más completa seguridad y sin el menor contratiempo. Aunque anden casi desnudos, dice Francisco Correal, no dejan de exponerse atrevidamente en los bosques, armados solamente de la flecha y el arco, sin que se haya oído decir nunca que alguno fuera devorado por las fieras. J. J, Rousseau. Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. p, 15
24Discurso de Angostura
25En el régimen absoluto el Poder autorizado no admite límites. La voluntad del Déspota, es la Ley Suprema ejecutada arbitrariamente por los Subalternos que participan de la opresión organizada en razón de la Autoridad de que gozan. Ellos están encargados de las funciones civiles, Políticas, Militares, y Religiosas; pero al fin son Persas los Sátrapas de Persia, son Turcos los Baxaes del gran Señor, son Tártaros los Sultanes de la Tartaria. La China no envía a buscar Mandarines a la cuna de Gengiskan que la conquistó. Por el contrario la América, todo lo recibía de España que realmente la había privado del goce y ejercicio de la tiranía activa; no permitiéndonos sus funciones en nuestros asuntos domésticos y administración interior. Esta abnegación nos había puesto en la imposibilidad de conocer el curso de los negocios públicos: tampoco gozábamos de la consideración personal que inspira el brillo del poder a los ojos de la multitud, y que es de tanta importancia en las grandes Revoluciones. Lo diré de una vez, estábamos abstraídos, ausentes, del universo en cuanto era relativo a la ciencia del gobierno.
26Discurso de Angostura
27Discurso de Angostura
28De hecho, como se verá más adelante, con toda la sutiliza de la que es capaz, Bolívar retoma la crítica del federalismo tal cual la encontramos en el Manifiesto de Cartagena. Pero ella queda subsumida en esta tarea de significación de la independencia como signo de un nuevo tiempo histórico.
29Retomando lo dicho en la Carta de Jamaica, afirma: ,,,Séame permitido llamar la atención del Congreso sobre una materia que puede ser de una importancia vital. Tengamos presente que nuestro pueblo no es el Europeo, ni el Americano del Norte; que mas bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de la Europa; que hasta la España misma, deja de ser Europea por su sangre Africana, por sus instituciones, por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a que familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el Europeo se ha mezclado con el Americano y con el Africano, y éste se ha mezclado con el Indio y con el Europeo. Nacidos todos del seno de una misma Madre, nuestros Padres diferentes en origen en Sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis: esta desemejanza trae un reto de mayor trascendencia.
Discurso de Angostura. www.archivodellibertador.gob.ve
30Discurso de Angostura. www.archivodellibertador.gob.ve
31Discurso de Angostura
32Discurso de Angostura
33De hecho, los mismos argumentos los encontraremos a lo largo del discurso. Por ejemplo "El primer congreso en su constitución federal, mas consultó el espíritu de la Provincias, que la idea sólida de formar una República indivisible y central. Aquí cedieron nuestros Legisladores al empeño inconsiderado de aquellos Provinciales seducidos por el deslumbrante brillo de la felicidad del Pueblo Americano: Pensando que las bendiciones de que goza son debidas exclusivamente a la forma de Gobierno, y no al carácter y costumbres de los Ciudadanos. Y en efecto, el ejemplo de los Estados Unidos por su peregrina prosperidad era demasiado lisonjero para que no fuese seguido. ¿Quién puede resistir el atractivo victorioso del goce pleno y absoluto de la Soberanía, de la Independencia, de la Libertad? ¿Quién puede resistir el amor que inspira un Gobierno inteligente que liga a un mismo tiempo, los derechos particulares, a los derechos generales que forma de la voluntad común la Ley Suprema de la Voluntad individual? ¿Quién puede resistir al imperio de un Gobierno bienhechor que con una mano hábil, activa, y poderosa dirige siempre, y en todas partes, todos sus resortes hacia la perfección Social que es el fin único de las instituciones humanas? Mas por halagüeña que parezca , y sea en efecto, este magnifico sistema Federativo; no era dado a los Venezolanos gozarlo repentinamente al salir de las cadenas. No estábamos preparados para tanto bien; el bien, como el mal, da la muerte cuando es súbito y excesivo. Nuestra constitución Moral no tenía todavía la consistencia necesaria para recibir el beneficio de un Gobierno completamente Representativo, y tan sublime cuanto que podía ser adaptado a una República de Santos." Entre esto y haber tenido ..."filósofos por Jefes, filantropía por legislación, dialéctica por táctica, y sofistas por soldados"... no hay mucha diferencia.
34Discurso de Angostura.
35Discurso de Angostura.
36Los ciudadanos de Venezuela gozan todos por la constitución, intérprete de la naturaleza, de una perfecta igualdad política. Cuando esta igualdad no hubiese sido un dogma en Atenas, en Francia, y en América, deberíamos nosotros consagrarlo para corregir la diferencia que aparentemente existe: Mi opinión es, Legisladores, que el principio fundamental de nuestro sistema, depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada en Venezuela. Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la Sociedad, está sancionado por la pluralidad de los Sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud, y no todos la practican; todos deben ser valerosos, y todos no lo son; todos deben poseer talentos, y todos no los poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se observa entre los individuos de la Sociedad mas liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido; no lo es menos el de la desigualdad física y moral. Es una ilusión, es un absurdo suponer lo contrario. La naturaleza hace a los hombres desiguales en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las Leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la Sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia propiamente llamada política y social. Es una inspiración eminentemente benéfica la reunión de todas las clases en un estado, en que la diversidad se multiplicaba en razón de la propagación de la especie. Por este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia. ¡Cuantos celos, rivalidades, y odios se han evitado! Discurso de Angostura.
37Discurso de Angostura
38El pragmatismo histórico, en el más riguroso sentido griego, tal y como podemos encontrarlo en Tucídides o Polibio, está presente en el Discurso de Angostura: ..."Que no se pierdan, pues, las lecciones de la experiencia, y que las escuelas de Grecia, de Roma, de Francia, de Inglaterra, y de América nos instruyan en la difícil ciencia de crear y conservar las Naciones con Leyes propias, justas, legítimas, y sobre todo útiles. No olvidando jamás que la excelencia de un Gobierno no consiste en su teórica, en su forma, ni en su mecanismo, sino en ser apropiado a la Naturaleza y al carácter de la Nación para quien se instituye."
39Preguntar por la significación de un acontecimiento, en el sentido histórico del término, es preguntar algo que sólo puede ser respondido en el contexto de un relato (story). El mismo acontecimiento tendrá una significación diferente de acuerdo con el relato en que se sitúe o, dicho de otro modo, de acuerdo con qué diferentes conjuntos de acontecimientos posteriores pueda estar conectado. Los relatos constituyen el contexto natural donde los acontecimientos adquieren una significación histórica. Arthur Danto. Tiempo y Narración. p. 22
40Discurso de Angostura
41Análisis que en buena medida gira en torno a la idea fundamental de reforzar el ejecutivo con la adopción del poder legislativo según el modelo británico basado en un senado hereditario altamente capacitado e ilustrado como forma de arbitrar entre el ejecutivo y el pueblo. ...”Por exorbitante que parezca la Autoridad del Poder Ejecutivo de Inglaterra, quizás no es excesiva en la República de Venezuela. Aquí el Congreso ha ligado las manos y hasta la cabeza a los Magistrados. Este cuerpo deliberante ha asumido una parte de las funciones Ejecutivas contra la máxima de Montesquieu que dice, un cuerpo representante no debe tomar ninguna resolución activa: debe hacer Leyes, y ver si se ejecutan las que hace. Nada es tan contrario a la armonía entre los Poderes, como su mezcla. Nada es tan peligroso con respecto al Pueblo, como la debilidad del Ejecutivo; y si en un Reino se ha juzgado necesario concederle tantas facultades, en una República son estas infinitamente mas indispensables.” Discurso de Angostura . La otra parte en la construcción del estado nacional, seria la creación del republicano, a través de la formación y la educación, para lo que se plantea la creación de un Poder Moral.
42Discurso de Angostura
43Estos no son los que Vds. conocen; son los que Vds. no conocen: hombres que han combatido largo tiempo, que se creen muy beneméritos, y humillados y miserables, y sin esperanzas de coger el fruto de las adquisiciones de su lanza. Son llaneros determinados, ignorantes y que nunca se creen iguales a los otros hombres que saben más o parecen mejor. Yo mismo, que siempre he estado a su cabeza, no sé aun de lo que son capaces. Los trato con una consideración suma; y ni aun esta misma consideración es bastante para inspirarles la confianza y la franqueza que debe reinar entre camaradas y conciudadanos. Persuádase Vd., Gual, que estamos sobre un abismo, o más bien sobre un volcán pronto a hacer su explosión. Yo temo más la paz que la guerra, y con esto doy a Vd. la idea de todo lo que no digo, ni puede decirse.
Documento No. 5670, Carta de Bolívar para el Doctor Pedro Gual. Fechada el 24 de mayo de 1821. www.archivodellivertador.gob.ve




